Pocas veces te detienes a pensar, pero sabes, que el azul ficticio de las olas, pueden ahogarlo todo en su enfado eterno. Empujándolas hacia su estómago frío, con un rugido que sin querer, ha penetrado en la sien, y consigue romper tu cabeza por dentro como lo hace el agua contra sí.
Te preguntas donde se esconde toda esa masa cuando baja la marea, tentándote a fundirte con ella, en un abrazo inexistente.
Ensimismado por su belleza, por el efecto de las gotas navegando en la superficie para hundirse luego en los llantos de su eterna soledad.
Bailando siempre con ella misma, escogiendo los pasos adecuados para suicidarse contra las rocas que la observan ensimismadas, envidiando su libertad e inmensidad.
Otro día mas, y cuantos quedan por estar, sentado en estas rocas, tan solo ella agarrándote, solapándose a tu cuerpo, nada espera, sin hablarte, aferrada a ti.
Y pensando que ella también muere, invalida, contando cada día que pasa, desconoce los segundos, los minutos...pero odia la eternidad.
Estuve casi una hora enfrascado en divagaciones, observando colores, sombras, formas, intentando alcanzar el cielo con los ojos.
Despertado de mi letargo comencé a caminar, y esperaba que alguien se acercase, alguna desconocida enamorada de mis pasos azules, de mi cuerpo que solo era de arena.
Una amante de sensaciones, de momentos, de ideas, de sueños, que se deleitase con cada sonido. Que se acostase en un silencio, que se alimente de los suspiros, que se embriague con el aire. Que me incite a delirar.
Pero mi pie derecho perseguía al izquierdo, avanzando, cada vez más rápido, elevados por el aire ya comenzaban a subir, independientes de mi cabeza que lo que quería era detenerse de nuevo junto aquella roca, para precipitarse junto a ella
Aunque ya lejos estaban todas esas fantasías, solo edificios me rodean, desafiando la gravedad. Almas ausentes, indigentes presentes. Todos buscan un absoluto que no encuentran en su interior, monstruos hechos de nada, vidas en las que no merece la pena indagar ¿o tal vez si?
Cuando el tiempo se aplasta en tu cabeza y no te deja pensar, buscas ayuda en el reloj, gran poseedor de tiempo, pero que nunca cede.
Y así es nunca lo hace, por lo que Crucé la carretera apenas sin mirar arroyado por los pitidos de esclavos de alquitrán, poco espacio recorrí y llegue a un edificio carcomido, (el decía llamarse mi casa), la humedad, lo había resquebrajado, con las ventanas construidas con una madera oscura que sufría los efectos de las termitas. Día a día me hablaba, siempre ocupado, por palomas blancas, negras… solo un mito de paz.
Por fin crucé la puerta y al entrar me di de bruces con el televisor, observándolo apagado, diseñando imágenes propias, perdido en el negro del aparato…si, un mundo a mi medida.
Poco a poco cada elemento había cambiado, la soledad del mar, dio paso a las calles abarrotadas de corrientes, formadas a causa del estrés, la prisa, el desasosiego.
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Junto a ellas los edificios humedecidos, y carcomidos por la humedad, a el cuarto de dimensiones reducidas en el q me encontraba y por ultimo a el mismo.
De regreso total a la realidad me di cuenta de nuevo de que el tiempo había encogido, así que caminé apresuradamente para ir al trabajo. Cogí el metro que a velocidades sobrehumanas me arrastraba a la rutina.
Este texto es de Maria la desconocida, al menos para mi, yo solo añadi unas líneas pensando que el texto era mio.... Meas disculpas takeshi!! (Lo mantengo porque no le impotó)
1 comentario:
guapisima la descripcion inicial del mar....felicidades a maria la desconocida, es toda una escritora
perdona pero por hoy no puedodecir mas. Un saludo
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