31 diciembre 2006

Como no decir adiós

No se por que narices siempre me cuesta tanto despedirme de la gente. A veces me gustaría que todo el mundo se fuera sin más, se diera la vuelta y no dijera nada, que no miraran atrás en ningún momento, sin más desaparecieran. Siento como una sensación de vergüenza y de no estar haciendo lo correcto al irme, aunque quiera.

Luego están las despedidas que realmente no quieres que se produzcan, como cuando alguien al que tienes mucho aprecio se va de viaje sin retorno, y no sabes si le volverás a ver o no. Éstas son particularmente desagradables y eternas, como esperar al maldito tren de Manresa en una estación mugrienta con marcas oscuras en las esquinas, como si una sombra se adueñara de todos los rincones.

También están las despedidas en las que necesitas decir adiós a esa persona. Necesitas que desaparezca para siempre. Estar en el extremo opuesto es mucho más desagradable aun. Y aunque suelen ser rápidas en el tiempo, sensorialmente son eternas.

Pero en el fondo, se que solo es una formalidad absurda, creo que esa es la única razón por la que me siento así. Como si nos sintiéramos obligados a hacerlo. Aunque también es cierto que muchas veces necesito despedirme.

Puede sonar un poco contradictorio, y de hecho lo es. Pero ahora mismo esas cosas no las veo como algo extraño. ¿Por qué siempre que pienso en algo y razono sobre ello demasiado tiempo, llego siempre a mil conclusiones contradictorias? ¿Nunca puedo elegir un lado u otro? Tal vez sea aquello de no hay nada bueno donde quepa algo de maldad y nada malo donde repose algo de bondad. No se, todos las racionalizaciones son tan absurdas…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

creo que el problema es lo poco natural que resulta la mayoría de las veces... y porque si es triste es porque no quieres que esa persona se vaya... y porque siempre piensas si te has despedido suficiente como para que comprenda lo que le echarás de menos...

un beso

KrKvF dijo...

Pues si, eso que dices es cierto. De todas formas aunque la despedida sea lo mas natural del mundo, siguo sin tenerle mucho aprecio ni a lo que simboliza en si. Y esto es tan contradictorio que generalmente me despido de casi todo el mundo, aunque simpre intento evitar los saludos.