07 diciembre 2006

Hay días que si y días que no.

Al pasar el cuchillo por el extremo de sus dedos apareció aquel escalofrío que proporcionaba una sensación de inquietud helada, como de estar a punto de desmayarse por un sock nervioso. Miraba en todas direcciones adulado por la complejidad de lo más simple. Intentaba hacer algo de provecho pero se mantenía allí de pie con el cuchillo en la mano, mirando los azulejos de la cocina. Al momento se despertó en uno de ellos, atrapado en su brillo. Corrió hacia el canal que hacia de frontera hacia el siguiente. Allí se sentó.

- ¿Estas bien? ¿Qué haces ahí parado?

- Estaba… da igual

- ¿Va todo bien te veo, no se, extraño?

- Si claro va todo perfecto - ¡Mentira! – solo miraba los azulejos.

- ¿Vas a cocinar?

Dejó el cuchillo sobre la encimera e intento escapar de seguir hablando, cuando no hay palabras para explicarse es mejor no decir nada.

- ¡Hey! Donde vas estamos hablando.

- No tu solo preguntabas, yo estaba en otro sitio.

- ¿Qué hacías en la cocina con un cuchillo en la mano y mirando los azulejos? O ¿Por qué lo hacías?

- No creo que eso importe demasiado, es más, no tiene porque haber una explicación en toda y cada una de las cosas que hacemos.

- La hay, otra cosa es que no quieras prestar atención a ello.

Un gran impulso de rabia, de ganas de aplastar cráneos surgió de improvisto. Esta era una de las formas en las que se daba cuenta de que estaba equivocado en algo y no quería asumirlo. Aun así respondió groseramente.

- Tal vez todo sea gracia divina

- ¡Eres imbecil!

- No se por que tienes que insultarme, no te he hecho nada

- Ya bueno esa es tu percepción de las cosas.

Volvió otra vez esa agresividad, pero esta vez pensó en cual seria el origen, unos segundos después tenía la clave.

- Tienes razón tal vez no sea todo tan complejo, pero dime que no me dejaras que me lleve el extremismo religioso por la ciencia

- ¿Qué me he perdido?

- ¡Gracias!

Y salio corriendo con las llaves en la mano.

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