No importa, déjate caer. Vamos a dormir en este sitio, donde solo puedes andar de puntillas y las palabras no suenan, solo son hilos de humo que se disuelve en espirales por el aire. Donde el aire está tan denso que los pensamientos se vuelven imágenes flotando entre el humo.
Y miras lo que pienso, y luego me miras a los ojos. ¿Dime que ves? Durante ese instante, en el que algo parece centellear muy dentro en lo más profundo de la oscuridad, llueve, pero no me mojo porque estas ahí conmigo. Todo parece frágil, tan frágil, y a la vez tan cohesionado y equilibrado, que tengo miedo a tocarlo y estropearlo todo.
Entonces veo que me miras, muy adentro, y no necesito moverme porque ya lo estoy haciendo sin ser consciente. No necesito saber que no voy a estropear nada porque en ese instante todo es una armonía impecable, irrompible. Como un gran árbol azotado por el viento.
No importa el espacio ni el tiempo, esta sensación no tiene esas dimensiones es, por decirlo de alguna forma, omnipresente. Y lo mejor de todo es que no tenemos que hacer nada, solo observar y estar ahí.
No olvides decir lo que sientes. Yo siempre lo olvido.
1 comentario:
me he enamorado de un texto
no puedo dejar de leerlo
es tan reconfortante...
Publicar un comentario