Durante estos últimos días pienso en ti más de lo habitual. Sé que no volveremos a mirar el mismo cielo juntos, sé que nunca dejaras escapar uno de esos secretos que tu solo sabes, acercándote a mi oído y helándome la sangre. Sé que nunca te acercaras tanto a mi cuello, que pueda notar tu respiración, ni dejaras que mis manos envuelvan tu cuerpo. Ni estaremos solos en la misma habitación pero, "…aquí no pasa nada, que ha sio solo un momentito de bajada".
Siempre he tenido la suerte de ser ignorado por las personas por las que sentía admiración, y digo suerte porque sino seria tan difícil convivir con estas sensaciones día tras día… Sería tan difícil poder intercambiar unas frases de vez en cuando… que mi cerebro se habría convertido en un vertedero de deseos atestados atacados por las bacterias de la reincidencia. Y aunque en ese sentido soy un poco más fuerte no creo que sea lo suficiente para olvidar todo lo que siento. Seria tan fácil que pudiéramos olvidar todo lo que quisiéramos… pero entonces estaríamos hablando de algo totalmente diferente a la vida, y seria tan fácil equivocarnos al borrar cosas, que no creo que fuera bueno tener esa capacidad.
El aire golpea las ventanas y el frío aprovecha cualquier rendija para deslizarse dentro, para luego entrar en mi cuerpo y meterse hasta los más profundo de los huesos, y aun hay algo de esperanza con todo el sufrimiento.
Mientras tanto el mundo mira absorto, estúpido, como los segundos los adelantan por ambos lados, dejando marcas de vejez en sus caras y en sus cuerpos. Yo miro sus ojos y nado en esa inmensa marea negra, y entonces el tiempo desaparece, ya no hay aquí, ni ahora ni después, solo un vaivén de tranquilidad de poder formar, de alguna manera, parte de ti. Sin previo aviso salen miles de colores que me envuelven, nado de aquí para allá, no por que pudiera ahogarme que es imposible, sino porque quiero verlo todo. Espero poder ver tu sonrisa alguna vez.
Ahora me planteo que no tiene mucho sentido, salvo para mi claro, hablar de esto, tu tampoco lo leerás, y si alguien lo lee no le importará lo más mínimo así pues, simple descarrilamiento. Aquí mostrare mis tripas para divertimento de los asistentes, que en absoluto molestan, para siempre y una vez más.
La verdad es que últimamente no hay nadie que vea como se derrumban estos edificios, la vida real es supuestamente más importante que esto, aunque a mí me dé bastante igual. Los cascotes se amontonan aquí y allá, y la gente los recoge para poder transformarlos en sus nuevos sueños.
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LA CASA Y EL CORAZÓN (Marcos Ana)
Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
abierta siempre a los hombres,
al sol y al aire.
Que entre la noche y el día
y la lluvia azul. La tarde.
El rojo pan de la aurora.
El campo: sus verdes mástiles.
Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales.
Ni la golondrina el vuelo.
Ni el amor sus labios. Nadie.
La casa y el corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.
Gran poeta que merece la pena no olvidar
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