05 enero 2007

Cronológicas

Hoy habría sido un día de esos que etiquetar como, “PUTA MIERDA”, si no fuera por un pequeño detalle (de esos que son tan pequeños que hasta son más importantes que cualquier otra cosa). Habré dormido unas cuatro horas aproximadamente, despertándome para ir al baño a vomitar, o simplemente a que me dieran arcadas y a salivar como un animal rabioso.

Después de unas cuantas, ni siquiera se cuantas veces, he conseguido dormir un poco seguido, unas dos horas. Me he levantado y la primera frase que me ha venido a la cabeza “quiero morirme, voy a llamar al trabajo, no voy”. Sorprendentemente me he quedado dormido (bueno dentro de mi no es tan sorprendente) y he despertado a 5 minutos de la hora limite para hacerlo todo corriendo y llegar al tren. Pero en este momento estaba mucho mejor, así que al final he ido a trabajar.

Durante la mañana he estado un poco chungo a ratos, pero en general he ido mejorando, cuando por fin he salido a ver el sol, me he recuperado. He pensado que hacia tiempo que no pensaba en algunas cosas. No he comido por si acaso, he leído y he fumado. De repente sin saber porque estaba estupendamente bien, y no solo físicamente.

Unas horas después cuando he salido, he empezado a andar calle arriba de vuelta a casa. De repente una sensación contraria a la anterior ha vuelto, una enorme tristeza y desolación se han metido en los bolsillos, y pesaban, pesaban como arrastrar diez bueyes muertos con una soga atada al cuello. Andaba y la gente pasaba por ambos lados, unas lagrimas que siempre salen en este trayecto por tantas horas dedicadas a fijar la vista y el maldito frío que hace en ese pueblo, se han juntado con otras no tan habituales.

Cuando he llegado al tren me dolían los ojos, los notaba hinchados, la nariz no dejaba de gotearme y por si fuera poco, el andén estaba lleno, más de lo normal. Un retraso de veinte minutos, y todas las sardinillas a la lata. Al menos el viaje me ha hecho sonreír de vez en cuando; gente se aferraba a las puertas para no sobrepasar la línea que ocuparían al cerrarse, gente durmiéndose casi a punto de caer al suelo, miradas extrañas, caras nuevas siempre nuevas.

He llegado a casa y una vez más no ha habido dios de moverme a ningún sitio, mal asunto. En fin, resumen de un día absurdo, no solo en el mal sentido claro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te rindes y mejoras.
Estas pelno y de repente al suelo otra vez.

Esto ocurre demasiadas veces como para parecer divertido. Pero no deja de ser ironico.