15 enero 2007

Un giño

Una ilusión surcó los cielos mientras miraba las nubes rojizas del atardecer. Una línea se dibujo en el cielo, como una herida que rompía el cielo en dos. De su traza colgaban miles de alambres retorcidos, y en los extremos de estos colgaban deseos, recuerdos, dolores, sensaciones de todo tipo que agobiaron su nublada concentración.

Como si alguien hubiera empezado a proyectar una película sobre sus retinas esta imagen surrealista seguía un extraño orden, como si alguien pretendiera entretenerlo con este recuerdo de su vida. Tal vez le estaban robando su ser. Un gran vacío se deslizo hasta la base de su estomago, ahora sabia que iba a caer, tendría esa sensación de no llegar nunca al suelo, de miles de cuchillos rozando su piel y adornando su miedo con respiraciones cortas. Respiró profundamente, puede que esta fuera la última vez que lo hiciera Y así fue. Pudieron ser horas, tal vez segundos, que más da.

Pero algo extraño estaba ocurriendo, estaba durando demasiado, más de lo que le había durado esta sensación nunca. No se acostumbraba, seguía con esa percepción parecida al miedo, pero que empujaba a su estomago hacia abajo y recortaba su respiración dejándole inmóvil, con los músculos agarrotados y los dientes apretados.

Algo extraño estaba ocurriendo, porque aunque sentía como si se precipitara al vacío, sentía que todo iba bien, como una locomotora nueva sobre raíles recién estrenados. Al rato todo se tiñó de una gama de amarillos marrones y ocres. Su caída se frenó, como las hadas de los cuentos se acomodan sobre una rama en una deceleración acolchada.

Recordaba ese sitio. Una curva poco abierta, de una carretera desconchada, piel de lagarto a punto de mudar. Por la parte exterior un par de montañas, que fácilmente se podrían haber confundido con grandes montones de arena para la construcción de un inmenso rascacielos, sino fuera por la vegetación escasa. En el otro lado, donde su desvarío le había situado, una fila de cipreses acompañada de un cable eléctrico colgado de postes equidistantes, describía el otro linde de la carretera.

Todo estaba quieto, no soplaba una sola brizna de aire. Al contrario de lo que normalmente habría ocurrido, esta tranquilidad le calmó. Una figura negra tomo forma de entre los defectos de su visión y se posó sobre el cable. Sus ojos y los más nerviosos del cuervo se cruzaron. Sonrió y todo se disolvió como la arena arrastrada por el viento y la marea.

Tan fácil como morir un día

y despertar de nuevo el siguiente.

Tan sencillo como olvidarte

y volver a encontrarte.

Y todo este mundo

que se deshace como plástico ardiendo,

lo renueva y consume todo

absolutamente.

Sin tan solo pudiera expresarte.



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