06 mayo 2007

Los Yardangs

Se sentó en el recibidor del hotel, si aquella jaula apestosa de madera podía considerarse tal cosa. Se dejo caer un sillón que olía a orines de gato y paja seca, las gotas de sudor le resbalaban por la espalda, el calor era cada vez mas insoportable a medida que avanzaba la mañana. Algo le inquietaba de este viaje absurdo, de esta aventura sin sentido dentro del desierto. Pero si aquello que aquel fantasma que deambulaba por las calles era cierto, aquello merecería la pena.

Tal vez merecería la pena explicar el encuentro con el tal fantasma, que solo era un vagabundo que rociaba su hígado con vino de cartón mientras se agazapaba entre sus cajas, que mantenían el poco calor que podía haber en aquel callejón donde las paredes rezumaban humedad, como si lloraran. No estaba a la vista, pero por alguna razón se dio cuenta de los pasos de nuestro protagonista, desde el fondo de los cartones una voz gutural, cascada como el sonido del chocar de dos tapas de cazuelas abolladas, decía:

- Cuidado a donde diriges tus pasos, si abandonas el camino conocido encontraras miles de excitantes situaciones antes no vividas, pero también nuevos retos que asumir.

- Debería buscar un sitio mejor donde dormir – dirigió las palabras al montón de cajas por donde asomaba una manta raída de color gris.

- Usted debería mirar donde pone sus pies, antes de preocuparse por los que dormimos placidamente sin conocer calor o frío. Calor… ¿alguna vez fue a la cueva del oro?

A todas luces quede claro que estamos rehabilitando el dialogo (como los personajes de las novelas pastorales) de lo que fue en realidad, todo lo que el vino podía dejarle decir al insomne y percibir al hombre de negocios adulterado de whisky y agua de hielos.

- No diga mas, en la cueva del oro hay oro.

- Su tono haría que cualquier otra persona le hubiera maldecido, pero estoy demasiado abrazado al fracaso para que eso me afecte. De hecho – se incorporo levemente sobre su cama prefabricada – En la cueva no hay oro, hay algo mucho mejor, escuche con atención porque no le diré lo que es, pero le diré donde encontrarlo.

Aquí estaba, no sabia si era el alcohol lo que le había hecho tomarse en serio aquella madrugada aquel discurso de ebriedad, pero allí estaba. La verdad es que unas horas después y con el calor de la mañana todo parecía mucho mas absurdo, el rostro barbudo del hombre se aparecía en su imaginación riendo a carcajadas por su comportamiento ingenuo. Pero algo en todo aquel secretismo espinoso le hacia seguir adelante con aquel paseo hacia el interior del desierto. Se había bebido ya al menos dos litro de agua y la resaca solo empeoraba las cosas.

Se levanto del sillón, no sin un gruñido que demostraba lo que en aquel momento suponía un esfuerzo y ando arrastrando los pies como si sus suelas se derritieran y le costara caminar, se arrastro hacia la cafetería. Pidió un whisky con hielo, dicen que la mejor forma de pasar la resaca es tomarse otra. La apuro en pocos tragos como un animal sediento, pago y salio a la calle. Entro en el coche de alquiler, que parecía una sauna, abrió todas las ventanas y se apresuro a poner el marcha el vehiculo. Una gran polvareda se levanto, cuando cogió la carretera el aire empezó a enfriar el sudor propiciando espontáneos escalofríos.

Mientras conducía por la carretera rectamente interminable, solo finita para los ojos, se acordó de ella. Ella era alguien con quien no había intercambiado palabra jamás, pero vivía cerca de él, y siempre se cruzaban, en muchas ocasiones, sus ojos se clavaban en cada célula siguiendo el movimiento de ese ente sorprendente, imaginando. Este era un recuerdo harto recurrente, pensó. Luego recordó el perro del vecino, ese pastor que siempre le miraba con cara de “sácame de aquí”. Se pasaba las horas en ese piso angosto, era normal que aquel animal que seguramente soñaba con prados, montañas, playas y animales diversos. Nunca pudo imaginar que acabaría encerrado como un florero.

Un letrero activo esa chispa explosiva que saca los recuerdos de las profundidades del cerebro, debía torcer en la siguiente desviación, recordó.

Las llaves golpeaban contra el contacto del coche acompasadamente, mientras, el reflejo del paisaje plano reflejado en los cristales, paisaje plano, desierto, amarillo y esporádicamente rocoso y arbustivo, daba una idea de su estado mental. El coche avanzaba por una zona explanada a distinta altura que el resto, era la única señalización de que aquello pudiera ser un camino.

A las horas, el calor estaba transformando el amasijo de hierros en un grandioso horno de pan, él sudaba en abundancia y para contrarrestar daba fuertes tragos a una botella de plástico, que empezaba a semejarse a una infusión, mas que agua.

Entre las deformaciones que generaba el aire caliente empezó a divisar unas rocas más grandes de lo que estaba siendo habitual, tal vez por allí estuvieran las cuevas. Poco recordaba ya de las palabras, y parecía moverse más por un impulso irracional, como quien se mueve por un gran deseo y ni la fatiga, cansancio o incluso a veces el dolor le hacen desfallecer de su objetivo. Nada era racional, ahora todo era simple atracción o rechazo, no había sitio para el razonamiento, no había sitio para la verdad o la mentira, solo realidad y la información de sus sentidos.

Aquellas eran las rocas que el borracho llamo los Yardangs, no había duda, concordaba totalmente con la idea que se fabrico el mismo en la cabeza. Entre la arena descubiertas por los vientos del desierto, como destapadas de su eterno sueño, emergían dos enormes montañas formadas de piedras que aparentaban haber sido cortadas a cuchillo en cubos y ortoedros irregulares. En medio una más pequeña, con aspecto de cúpula.

Detuvo el coche, un hormigueo pasaba por sus pies y ascendía por detrás de las piernas los muslos y trepaba por su columna vertebral hasta su cerebro, luego, como en un estallido, su cuerpo adquirió la tensión de un animal en peligro, sus pupilas se dilataron levemente y el sudor frío rasgaba su espalda a tiras. Intento dominar un leve temblor en los brazos y salio del coche. La brisa hacia chocar arena en suspensión contra sus piernas, el sudor se le secaba, pero no arremetía la incapacitación para pensar con claridad, y como arrastrado por los incontrolables sucesos de un sueño dirigió sus pasos hacia la entrada de la cúpula central.

Una fisura angosta daba paso a una bajada pedregosa, húmeda y resbaladiza. Al entrar un gran choque por el cambio de temperatura hizo que todos los pelos del cuerpo se electrizaran y volvieran a su posición rápidamente. ¿O tal vez tenía miedo? La caverna se estrechaba y retorcía, giraba a izquierda y derecha sin un sentido demasiado lógico, como excava las cosas la naturaleza, lo cierto es que estaba perdiendo totalmente cualquier atisbo de orientación.

No sabría decir cuanto tiempo llevaba dentro, pero algo que en un principio había pasado desapercibido se estaba haciendo más notable, como el latido de un corazón el aire vibraba acompasadamente, cada vez mas intenso, cada vez más perceptible al tacto con el aire. Seguía avanzando, si era verdad que allí se encontraba el mejor sitio donde dormir por que dormir en un callejón. Sus dudas empezaron a despertar su razón, empezó a dudar también de ese impulso de necesidad curiosa que le había llevado a esta situación ahora absurda.

Su latido se acelero, la intranquilidad lleno todos sus receptores sensoriales, como respuesta la cueva vario su zumbido del aire, ahora se hizo notable totalmente, se asemejaba a un rugido y con el las paredes se movieron, el pasadizo de vuelta se había cerrado. Se encontraba en un pasillo de bloques en paredes techo y suelo con bordes lineales pero de formas irregulares. Agujeros en el techo daban al pasillo una luz azul blancuzca, un aura fantasmal carente de toda vida se apreciaba en suspensión. Aquel lugar olía a ratonera.

1 comentario:

KrKvF dijo...

Bueno, este es el resultado de un par de dias de trabajo, cuando decida acabarlo lo pondre de nuevo. Mientras tanto se aceptan criticas de todo tipo, por favor, anda, no seais timidos. Que no me voy a ofender ni na, que hay mucho que retocar y moldear.