13 mayo 2007

Ropas de olvidos

Ten ten, pero espera que repican las campanas, ven ven, odio que acuchillas el aire, den den, un soplo para levantar nuestras vidas que tanto hemos olvidado y qué era lo que habíamos venido a buscar. Espera, no son campanas… es… da igual, sigamos adelante. Entre el fuego y el hielo, entre el calor y el frío, entre el odio y el… ¿Cómo era que no recuerdo?

Cuando no tienes miedo no dudas ante el peligro, simplemente sigues tu paso con firmeza, pero si tienes miedo, entonces, el peligro se apodera de ti y tendrás gran facilidad para caer al vacío. El problema es quien nos enseñara a no tener miedo, quien nos enseña a caminar sin preocupación por ese sendero flanqueado por el miedo la perdición y la muerte. ¿Acaso es verdad que nos valemos por nosotros mismos? El sabor acido de la mentira aprisiona los costados de la lengua.

Ahora vuela, posa luego tu legado aquí, ahora salta, recorre senderos entre los bosques y los pantanos, ahora nada desde la helada sangre donde nacen los ríos, a la suavidad tranquila y salvaje del mar. Visita cada extremo y cuéntame qué has visto. Cuéntame si lo has visto y dime si es que alguien ha nublado mi pensamiento para que no vea eso.

¿Qué es lo que hemos venido a hacer aquí? O mejor dicho ¿Qué, de todo el infinito enjambre de posibles existencias, hemos decidido llevar a cabo? Las palabras sordas de lo inútil repican en mis oídos, ya no quiero escucharlas más.

El sudor de los días cae por la frente, camino, y el camino es blando, barro, embarrados paseos. ¿Esperando una leve presión? El aire esta seco, me tapo, ropas de olvidos.

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