27 febrero 2008

Daños más allá de lo mental

Siempre había pensado en hacer una de esas comparaciones que tanto se han hecho, de que pasaría si aplicáramos los procedimientos que se aplican en la informática, o en este caso la programación, a otro ámbitos de la vida. Y bien, recordando aquel documental sobre aquel proyecto del rascacielos de masificación japonés, pos había pensado hacer un pequeño ejemplo.

En primer lugar en la cadena tenemos al cliente, este señor supuestamente tiene todo clarísimo, y aunque debería saber o entender de lo que pide, no siempre ocurre así. El señor se sienta y dice, yo quiero un sitio donde la gente no necesite salir al exterior para nada, alguna clase de edificio o complejo con todo lo necesario.

Así dicho la cosa deja muchas puertas abiertas a la imaginación en cuanto al diseño. Los analistas, sean orgánicos o funcionales (que decir que los orgánicos son como encontrarse un urogallo), se encargaran de hacer unos garabatos rápidos sobre un papel imitando lo que seria el plano de un técnico. Aquí los diseñadores se agarran una buena torza y deciden hacer un brainstorm o tormenta de ideas (en este mundillo hay mucho imbécil que aun no sabe que para la mayoría de esos términos tan “cool” que dice existe una traducción en su propio idioma). Después de una noche desenfrenada al edificio no le falta de na, hasta cagaderos te limpian automáticamente.

Se produce entonces, la parábola del coste, este puede llegar a ser un ciclo sin fin, o el bucle que se muerde la cola (esta es del maldito Joxe). Vale esto. Es que… es mucho, que podemos dejar para después. No se, podríamos prescindir del mobiliario hasta que obtengamos algún beneficio. El ciclo se repite así hasta dejar una imagen exterior bien apreciable y bonita y unos cimientos desastrosamente situados.

Se comienza la construcción con estas maravillosas pautas. Lo general para llevar a cabo una construcción de este calibre seria contratar a mano de obra especializada, pero no. Mejor hacemos un curso intensivo de un mes, en especialización de puesto de trabajo y le contratamos por el salario mínimo hasta fin de obra o servicio. Y luego para los puestos de supervisión pillamos a los de la vieja escuela, que tienen las ideas mas atrofiadas que una persiana oxidada pero saben lo que hay que hacer.

Tras un año del arranque del proyecto, aquello no ha avanzado ni lo que tenía que haber avanzado en un mes. Solución, más peones.

Llega un momento que las condiciones son tan persianas, que no hay peones suficientes, tampoco presupuesto para contratar mas, vaya… nos quedamos sin opciones. Así que es habitual ver a oficiales o arquitectos levantando los muros más conflictivos, porque no hay personal cualificado de menor rango para hacerlo.

Finalizado el proyecto de un año en tres, lo sorprendente es que el edificio siga en pie. El edificio se habita, las tiendas dentro empiezan a funcionar y los parques entre plantas se llenan de familias ruidosas.

Y los fallos empiezan a aparecer, una columna mal situada hace que se derrumbe medio edificio. No hay suficiente personal de mantenimiento, y las tareas de reparación de cada nuevo desastre suponen un esfuerzo que no cubre la plantilla. Entonces deciden desviar el trabajo de mejora del edificio a mantenimiento. El edificio se queda cada vez más y más anticuado y el personal de mantenimiento ya casi está compuesto de todos los miembros familias en edad de trabajar.

Y cuando el edificio esta a punto de derrumbarse la maravillosa solución del programador siempre es, empecemos de cero.

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