Ha hecho el mismo ademán una y otra vez como un péndulo. Te sientas, te levantas. El tacto de la silla como a canasto de paja fina. Un leve balanceo de los brazos recubiertos de goma de la silla, y una inestabilidad constante, como movido por la marea continuamente. Durante el va y ven, choques en los muebles de madera y metal. Pero no cualquier madera, madera muerta años atrás, picada y reconvertida en placas. Por lo demás todo esta muerto desde hace miles de años. El plástico, bolsas de grandes cantidades de materia orgánica descompuesta hace miles de años, el metal supuesta sangre central de la madre tierra, la madre gea, expulsado a la superficie como deshechos.
Es como si la gran cantidad de material envasado en miles de eras fuera el responsable de nuestro estanco en el pasado. Con su consecuente opuesto, actuar en post del futuro, perdidos idealistas por siempre. Quienes quedan en el medio son pocos pero concientes en realidad. Esperemos llegar a esa estación algún día, si los trenes no nos dejan tirados por el camino.
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