Estaba allí con los ojos fijos en su reflejo. Pasó por su mente como algunos animales que había visto se comportaban al verse en el espejo. ¿Qué pensarían? ¿Qué pensaba de si mismo? Recordaba uno de los perros que tubo hacia tiempo. Miraba hacia su doble y hacia movimientos torpes con la cabeza y con la pata, mientras intentaba no perder de vista a aquel ser que parecía anticiparse burlonamente a todos sus movimientos. Tal vez se parecían un ellos dos, incapaces de aceptarse a si mismos incapaces de verse proyectados en una pared que nos muestra lo que muchas veces no queremos ver.
A veces se paraba allí delante sin ver, su atención se perdía en la atención de los detalles ínfimos, los surcos del iris, que parecían estar repasados con un pincel inmanejable hasta por el mayor artista de la pintura, en la forma en que la piel se pliega para dar forma a eso que otros entendían por expresiones, y que allí delante quedaba casi tan falso como un cigarrillo de chocolate. A veces los segundos se retorcina solo con la oscuridad de las pupilas. Pensaba: “el negro es ese color del que podría salir cualquier cosa pero del que la mayoría de las veces solo salía frío desesperanza y soledad”. Con cada recuerdo un anzuelo tiraba de su garganta mientras el estomago empujaba hacia arriba. Era en esos momentos cuando cerraba los ojos y se dejaba arrastrar. De la mas negra oscuridad aparecían barrancos, de sus piedras puntiagudas colgaban los corazones secos de miles de personas que se equivocaran eligiendo la presidencia de sus mayores deseos, aquellos, o mas bien todos nosotros, que alguna vez nos equivocamos en decisiones demasiado importantes para tener relevancia el resto de nuestras vidas. Mientras, estrofas de varias canciones ilustraban aquel paisaje demoledor, amarillo y color sangre seca.
Pero al abrir los ojos allí sigues plantado, no hay nada, resulta estar todo en tu cabeza. Pensaba “¿como alguien puede considerarse una gota en el océano, cuando la gota contiene cosas que no hay en el océano?”. Seria la imposibilidad de ver sus ideas impresas en los demás lo que le hacia dudar, tal vez considerara como suyas muchas cosas que no lo eran. Tal vez el dolor y la tristeza fueran algunas de ellas.
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