El gran gusano se arrastra entre las llanuras valles y montañas de tela. Sus patas arrancan escamas y algodon de deseo fraguado en las cuevas angostas del entendimiento. A cada idea le sigue un paso a cada paso le sigue un impulso misteriosamente retorcido y vibrante. Todos los aromas acidos mezclados con el aire caliente de las hornos del pensamiento luchan en el olfato se destrozan unos a otros dejando un campo de batalla frenetiko y húmedo.
Los objetos pierden sus vertices y dimensiones se funden en una mezcla de colores brillantes y reflejos de sonrisa. Un sabor dulce y acido se entelaza en el paladar y los frenos y resortes se sueltan. Ahora todo se empaña y nada, ni una sola cosa de las que antes había, tiene ya cabida en este universo. Todo vuelve a ser como debería.
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