Era esa especie de desinterés fingido, ese volverse cuando no miras, ese beso que volaba desconfiado. Luego ráfagas de destellos, manos y labios ocupados y saltos de montaña rusa. Calma y excitación y tristeza en la distancia. Así rodaba el motor y no hacían falta pedaleadas porque esa fuerza que nos atraía podía deformar el espacio y el tiempo, y por supuesto alimentar cualquier motor. Todo estaba en medio, pero nada de eso importaba, luego si.
Luego luego y luego. Espera espera y espera. Salieron las navajas. Esos cortes hechos con fuego y metal, despiertan la carne, la separan y la cubren de ácido. Mientras el gran sueño venia a por mi, entre ríos de sal y días de sombras, deambulé sin rumbo y al mirar la brújula solo daba vueltas y vueltas. Pero al despertar un día estaba curado otra vez.
Y volvió esa bestia que nos atraía y nos junto, y chocamos, reímos, volamos, pasamos miedo, nos deseamos y nos odiamos. Y luego me dejaste. Todo fue en picado desde entonces, las capas de aire caliente nos hacían estabilizarnos pero la caída no se detenía. Me traicionaste, con ese corte estuve sangrando hasta que te pedí que acabaras conmigo y lo rematases, tal vez eso sea lo que mas me duele, lo que ha amputado esa parte de mi confianza. Aunque supongo que ya soy el único al que estas mierdas le importan algo.
2 comentarios:
me ha gustado, el texto, literariamente, pero no me gusta que seas injusto
por mucho que a veces se esté al otro lado no quiere decir que no importe.
pero somos más que emociones no?
y jóder, entiendo la decepción y la tristeza, es un proyecto fallado. una ilusión rota. pero lo cierto es que para ella también...
no sé si es una cuestión de madurez o de yo qué sé, pero quizás hay personas que cuando eligen, lo hacen de verdad, y otras que más que elegir nos dejamos llevar de una forma ciega e irracional, y como tal, como una decisión no consciente y sin argumentos, quizás es efímera. no lo sé.
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