07 abril 2013
Sol de domingo
Troceando las hojas del cactus he recordado la fascinación que siempre me han producido los vegetales. La practica con la que son capaces de abandonar todo aquello que hace peligrar su existencia y perpetuidad. Si no hay suficiente alimento para las hojas, se corta el suministro y estas se sacan, caen por su propio peso y se acaban pudriendo para que se puedan volver a asimilar por la tierra los nutrientes usados para su construcción. En mi afán absurdo de ser humano que espera ver los resultados de sus acciones, las troceo para ver acelerada esta reacción.
Esta pobre, desatendida totalmente por mi parte, ha tenido mas de seis hijos en 10 años, ha sacrificado el espacio de sus raíces con tres de sus hijos para compartir la tierra y el alimento, así como la mitad de sus hojas, sino más. Y si la sacara a un tiesto mas grande haría exactamente lo mismo, volvería a hacerse exuberante y enorme, tendría mas hijos y empezaría a cederles el espacio a cambio da su cuerpo.
No entiendo muy bien el significado de todo esto, ni creo que lo tenga en realidad. Igual solo es la resaca
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1 comentario:
si al final todo va a ser eso, perpetuar
date por contento que tú al menos no tienes la presión de la edad
aunque ni siquiera debería tener que decir la gilipollez que supone tener hijos cuando tú mismo no sabes exactamente qué hay de bueno en vivir.
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