13 mayo 2013

Barrenero

Me soltaste, yo ya no miraba al suelo, ya no me daba miedo caer. Lo difícilmente alcanzable que atraviesa el escaparate de tus seguridades como un coche en un alunizaje. Voy dando vueltas como una cometa rota, cada vez más cerca del suelo, cada vez mas pequeño en tu mente hasta que el pensamiento mas insulso me aplaste cual bichejo insignificante y sin valor. Si no ha pasado ya. Cometa rota o no, pensé que podría enderezar durante la caída, sostenerme sobre alguna corriente de aire caliente, que temple el pecho refrigerado y desintoxique mi sangre de los pequeños parásitos que quedaron y que no pierden el tiempo que les queda de vida en arañar y comerse cada farolillo que calentaba los rincones mas oscuros de esta sucia caverna.

Adormezco, pero las flechas siguen silbando alrededor y no tardo en volver, en volver a este pantano de bestias que se alimentan de tus colores, de lodo que lastra tus piernas, de no distinguir la noche del dia entre fugaces inmersiones con Morfeo.

Tanta sangría pa na

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