06 mayo 2013

La montaña

Cuando llega ese momento de calma, ese momento del día en el que los dientes no están forzando unos contra otros, sueltas las riendas y la mente va como un barco, sin velas, sin tripulación, lo que manden las olas. Desconecto, pongo un par de sinfonías y un paso detrás de otro. A veces noto que todo desaparece y solo queda una imagen mental, ya no entiendo estar andando o que haga sol o viento, tampoco dura demasiado pero a la vuelta de allí la piel se eriza.
Después ya solo queda música y naturaleza. Me veo una vez más aplastado por la perfección autómata de la vida vegetal, todas sus formas colores, ese sistema que lo mantiene todo... Allí hay unos bancos, en esta época hay uno que sobre las dos del medio día tiene manchas de sombra y sol dibujadas por entre las ramas de un árbol. Medito, leo, escucho más música, y el tiempo se acabo. Eso era todo lo que solían llamar descanso.

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