A veces hay momentos en los que me parece ver el fino filo hilo de la percepción, me detengo solo un instante y los fuegos los huracanes y las lluvias borran cualquier rastro y me veo perdido buscando entre las hojas del suelo las letras de unas palabras que cada vez pierden gotita a gotita más y más sentido, y ya no recuerdo ni que buscaba. No ha dejado de divertirme ni han dejado de hacerme reír, ni que quiera estar malgastando los segundos olvidado en pensamientos calle-sin-salida, pero cuando la mente lleva un rato en silencio o entretenida parece repescar del almacén ciertos recuerdos o ideas. Atan las manos muñeca contra muñeca, me vacían como si se abrieran las compuertas de la presa (usaría la frase de las compuertas de los petroleros pero las referencias al club de la lucha ya son excesivas) y veo un río de colores que me sale del pecho, flotan los peces muertos que de tanto tiempo estancados se han ahogado lentamente consumiendo cada burbuja de aire hasta que el agotamiento de las mentiras y de los posibles les dejo dormir para siempre. Y la cama, te odio más que nunca en la cama. Aunque se que solo es tirar globos de agua contra un tanque m1, o incluso contra mi mismo. Y no parece que nada lave esta suciedad. Salgo entro voy y vengo, ato nudos a lugares donde querría volver, pero el filo de esta bestia no se sacia con esas minucias y en un par de sacudidas te deja idiota, miras a todos lados buscando una referencia pero nada, como si la lava lo hubiera cubierto todo dejando todo petrificado en figura eterna bajo el suelo. Y no hay más que ya curará, pero ¿es qué alguna vez hubo algo sano algo que salvar o algo que abrazar con amor? Si eso existía voló en las cenizas del fuego o está allí abajo difícil de distinguir de una piedra.
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