10 junio 2013
A paso domingo
No hay como buscar orden para no conseguirlo. Después de navegar arrastrado por el viento de la insidiosa melancolía y mecido por las olas de la indiferencia total, decido encender motores. Pero todo falla, no hay gasolina, no arranca, huele a quemado. Ofuscado por ni siquiera poder definir tu propio rumbo, vuelvo a dejarme en el arrastre. Eso si, puse todas mis fuerzas en ello, conseguí preempaquetar cada pensamiento plegado en la pared, cada beso escondido en los cajones, cada segundo que a esfuerzos sudorosos intenta apartar la mente. No creo que los objetos despeguen la mancha de petróleo que se esparce intoxicándolo todo, es mas el vacío que ha quedado no hace mas que dibujar un contorno fluorescente alrededor de cada falta, cada hueco en el que ha quedado la marca del polvo.
Esto no acaba nunca, a ello se suman los autoreproches por ser tan retrasado mental voluntario, por aceptarlo todo en nombre de la confianza, para que? Ahora miro su cadáver colgado de la soga y traspasado por las flechas las lanzas y las dudas. Todos los que estamos dentro asistimos a su funeral, en conjuntada soledad, algunos le lloraron, pero la mayoría aguantaron sin saber si lo hacían por voluntad o no, con ese nudo de estropajo en la garganta que sube y baja y amenaza casi siempre en vano, para extender la angustia, con perforar tus ojos y romper en ventiscas de desavenidos mares en exceso salados.
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