27 junio 2013

Casi se han tocado los extremos que nos e debían juntar y las chispas son solo el precedente de la explosión que convertirá en polvo cada resquicio de tu alma, si es que eso existe. Mientras me alejo por este camino de piedras y zanjas que solo ves cuando ya tienes el pie dentro, veo la columna de humo según me alejo. Aun llegan los olores aun después de todo el viento que ha soplado, aun tengo fotos mentales y añoranzas de de grandes cúmulos de luz ahora agujeros negros. Y la inocencia que me había seguido como un buen perro, uno de esos que puedes ver como a un amigo, salio corriendo detrás de los pájaros de tus ojos y ahora me siento en corro, solo, amando el viento, besando las llamas del fuego muerto y durmiendo en el agua como un cadáver hinchado.
 
Me grapo en la piel cada frase memorable para superar el dolor. Ya casi no hay hueco, tengo que poner unas encima de otras, algunas se caen por el peso de la acumulación, y aun así ese fuego helado sin leña sigue vivo, se retuerce entre bocanadas de aire que le dan mis tropiezos y araña y escarba por dentro como la rata que intenta salir escapando como puede del calor abrasador.
 
Lo peor, es que la mayor parte del tiempo me veo desde fuera como si la cosa no fuera conmigo, como si fuera un cuentacuentos relatando mis historias a mi mismo, triste público. Pero no por eso han parado las agujas de la desesperación de bordar este manto hecho con retales del pasado y relleno de polvos pica pica y chinchetas, para que te arropes por las noches y sufras con cada escena, desangrado inútil.

1 comentario:

Flaura Ponte dijo...

Comparto el sentido de irrealidad y el dolor. Como siempre.