13 junio 2013
Reducción
Por fin he decidido emprender el camino dando el primer paso para obligarme a tener más tiempo a dedicar a otras cuestiones y no perderlo en un trabajo que no me aporta más que ganas de arrancarme los ojos y ningún tipo de crecimiento personal. Si, me ha costado un kilo, pero como comentaba ayer en una de esas conversaciones resumen que tanto se han sucedido últimamente, si antes era indeciso, ahora me cuesta aun más tomar la decisión final que inicia cualquier acción, por estúpida que sea, lo que no quiere decir que no deje de rebotar contra las paredes del cráneo durante todo el proceso, como una de esas bolas de goma imposibles de agarrar.
Solo espero no dar de bruces contra la burrocracia desorganizativa tan propia de las empresas en general y en particular de esta estupenda manera de hacer las cosas que tenemos en estas nuestras tierras, que si me rasco las bolas mientras doy con el látigo y me quejo de lo poco que cobro, y del yo pongo la pasta y me quedo aquí tirao esperando los beneficios.
La verdad espero que la respuesta verbal que me dieron se corresponda con la firmada en papel, mi cuerpo ya ha decidido negarse con todas sus fuerzas a seguir con esta trayectoria vital. No me deja dormir las horas que necesito, ha generado un desinterés general por todo lo que me rodea que empieza a dar miedo, ha roto todos los ciclos de alimento y sueño haciéndome llegar tarde mas de la mitad de los días e intercalando temporadas de apetito voraz con nulo.
Ahora la casa parece tan vacía, pero queda parte de su alma en el hueco que antes ocupaban sus cosas, negándose a irse como se niega su recuerdo a salir de mi cabeza, que se mete entre otros pensamientos como el borracho pesado nocturno que asalta cualquier conversación que no le atañe. No se si este fin de semana ayudara mucho…
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