¿Hasta que punto la felicidad para nosotros inalcanzable de los demás nos corrosiona con el paso lento del cocodrilo al sol las falsas esperanzas que tenemos sobre nosotros mismos? Todo un día lijando oxido de cada rincón, con la espátula sacando esos grumos de envidia, fregando esos charcos negros de auto reproche. Y nada bueno puedes sacar del ejercicio, atormentada culpabilidad de tener una mentalidad de un estúpido adolescente.
Juzgado y analizado. Esas son las muletas que han quedado, y después de cuarenta horas sin dormir, solo el césped los árboles y los insectos me susurraron sin mi conocimiento una nana impronunciable, hasta que la mente pulso el interruptor en apagado. La hora siguiente fue una ráfaga rápida de cosquilleos, rayos de sol, imágenes en filtro de rojo verano, el olor de las confieras, pasos de perro que rastrea olores, viento en compás roto y unas trazas de música.
Que duro es esquivar tus miradas a veces, pero esos pequeños rasgos son tan graciosos…
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