Protégeme de lo que quiero, por que voy surcando el espacio como un cometa en llamas y a todo lo que me acerco se enciende y se consume, crepitando en desesperación liquida como un plástico fundido. Porque te consumiría como tantos, y sin saber porque el olvido haría palanca y todo quedaría en periódicos amarillos. Entre las cenizas aparecen esos ojos de niño con juguete roto, esa mirada que nunca ha quedado borrada del todo del imaginario, que al compás, dibuja uno de tantos velos de la realidad, la que me han repartido en este sorteo irreversible.
Pero volveré al ciclo de la esencia de la materia y esto solo será una roca de un puño en el espacio infinito, una lagrima disecada que refracta la luz, pero algo nimio en la inmensidad
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