Hace escasos días mantuve una conversación sobre la desnaturalización de los símbolos, supongo que habrá otra forma de decirlo más exacta pero ami esta me vale. La sociedad de consumo occidental, aunque ya casi se podría decir que es la del mundo entero, ha obtenido símbolos de otras culturas o de subculturas los ha extraído del contexto y los ha convertido en moda transitoria y muchas veces cíclicas. Generando nuevos prototipos de individuos, de la que por otros medios generalmente visuales pero de todo tipo también, se les van añadiendo todo tipo de valores ajenos al origen natural del signo símbolo o seña cultural.
Pues bien, volviendo de la compra, me encuentro con uno de esos símbolos. En una de tantas actuaciones absurdas de los cuerpos de seguridad, una furgoneta con cuatro policías locales vigilaba el transito de un cruce de barrio de mala muerte. Uno de ellos desprende un aire de prepotencia muy típico en algunos elementos de estos grupos, que como era de esperar parecía marcar el ritmo del cuarteto. Hay algo que no acaba de encajarme, al mirarlo directamente veo que lleva un peinado que se acerca a lo que podría ser una cresta. Inmediatamente aparece en mi cabeza la imagen de uno de los protagonistas de uno de los videojuegos de simulación militar más famoso de estos tiempos absurdos, que tanto gusta a fracasados policías y ramas inferiores de la seguridad. Un tipo que se las da de duro y temerario, escoces, de las SAS... blablabla el típico prototipo absurdo de historia militar y al que con casi toda seguridad imitaba.
Los dos símbolos culturales a los que me recuerda la cresta están tan alejados de esta nueva realidad que se le adjudica, y sobre todo, la gran perdida en la memoria colectiva que produce la estandarización o desnaturalización de estos símbolos, acaba molestándome o doliéndome de algún modo extraño. Y la mente se retuerce y escupe ideas con base de odio.
1 comentario:
Disfraces, máscaras e intérpretes...
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