08 agosto 2013

Desden

Pisadas en el vacío, camino en la oscuridad separando cada costilla y abriendo el pecho que respira como una caja de música casi sin cuerda. Agazapados en emboscada, no se donde pero se que están ahí, predadores de brotes mentales. Sabes que no te quedara otra que dormir en algún momento, saldrán entonces de sus escondrijos olfateando la calma que precede a su banquete, babeando por la expectativa. A veces los he visto semiconsciente entre parpadeos, inclinados sobre el cráneo rebuscando y rumiando. Inmóvil, presa de la incapacidad de saber que es real y que no.

Los escarabajos y las cucarachas me miran, pero ya ni puedo competir con ellos, y los números me superan, y las cadenas pesan como cámaras frigoríficas llenas de cuerpos desmembrados y las palabras que me faltan se han quedado atascadas en alguna grieta del tiempo, echando el ancla por siempre jamás olvidándose de mi nombre o si tenían que vibrar de odio o alegría albergando el mismo peso emotivo que un papel en blanco.

Y los ojos y los oídos me sangran y lloran, la boca no, esa no la uso apenas. Las yemas de los dedos me arden de tocar papel secante e intentar calentar un ánimo que se congela rápidamente como si lo hubieran rociado con nitrógeno líquido y despechos desinteresados.
Nada que esconder, nada que mostrar, colgado de mi garganta soy ese pensamiento que deshace a patadas el nudo del estomago, que rabia por no ser el animo dominante, e insulta la poca sensibilidad que de vez en cuando despierta. Y los días rozan sus espartosas horas contra el cielo de la boca con todo el gusto en carne viva.

2 comentarios:

Alkarinkwa dijo...

Soy las tripas en tensión de fulano...

Flaura Ponte dijo...

Yo también los entreveo semi-inconsciente. De hecho me genera mucha ansiedad.