26 agosto 2013
Fotoreceptor
Cruza la distancia como un rayo, y el desgañitado silbido del aire partiéndose como un cristal a su paso, es la gran sirena amarilla que lleva la maquinaría pesada. Es la luz desintegrándose parcialmente, componiendo todas sus formas, es el espacio entre dos puntos, es infinito en cuarzo cristalizado. En ese vencido montecillo en el que el rojo desterró a la carne, con la contundencia que dibuja una linea de arcos tajantemente exactos, pasto por donde planean los suspiros de las almas al cruzarse y que tarda en desdibujarse al cerrar los ojos, silueta, maquillaje, carmín;vencidos tantos halagos la serpiente venenosa se enfurece, quiere licuar tus pulmones mientras respira tus ultimas esencias, con su cara picuda e inmobil de reptil, sus ojos triangulares y la mente fría espinosa y desfasada. Retorcida en cuerpo y pensamiento, con esa piel áspera y suave a la vez, que manipula tus sensaciones hipnotizándote, queriendo traspasar con la mano a la vez que salir corriendo.
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