Puedo recordar cuando aun no había carretera en el pueblo donde pasaba los veranos, nos sentábamos al borde del río, por el fresco que hacia allí, y jugábamos a todas esas cosas que juegan los niños.
Había algo que solía hacer, me ponía en el puente del camino hacia las cuevas, y tiraba piedras al río, recuerdo el sonido que hacían al traspasar el agua, que brillaba como un espejo. Las piedras se iban hundiendo hasta que llegaban al lodo del fondo, luego este las absorbía quedando para siempre hundidas allí.
Hace algún tiempo, encontré la inspiración en un rechazo, ahora no se si la tengo, pero quiero escribir sobre otro. Soy como esas piedras, espero no llegar al fondo y dejar que el lodo me consuma para siempre.
Algo hay que hacer.




