Es para recordar todos los días cuando me siento en esa silla roja y negra, quien sabe si es una tortura psicológica ideológica, delante de mi “nuevo” monitor TFT, donde no dejar que las maravillosas radiaciones del CRT penetren hasta lo mas profundo, con un puesto que no cumple ningún requisito ergonómicos, para que si el trabajador no va a decir nada no ¿ves que le damos la patada cuando nos plazca?, con los teléfonos sonando alrededor, teléfonos sin dueño ¿Cuánto tiempo crees que puede tardar una persona que esta, si esta, sentada delante del teléfono en responder?, con todos esas supuestas personas vestidas como agentes de seguros o algo peor, ¡traje! ¡camisa! ¡corbata! ¡zapatos! ¡¡Canten conmigo!!, con ese suelo enmoquetado bajo los pies, en el banco somos silenciosos como auténticos ladrones, con ese olor a polvo pasado por miles de ventiladores y filtros, con ese fresco artificial, como si te acabaran de meter en un frigorífico, debe ser para conservarnos mejor, solo para recordar que aun no me he convertido en una maquina que aun puedo volver a ser humano.
30 mayo 2007
Shhhh!
Es un silbido, el aire que cruza esta inmovilidad
Es un susurro, plegado en piel de mar
Y las palabras brotaban antes como flores estallando en la primavera, pero no, ahora descansa placidamente el dolor, somnoliento apenas expresa quejidos, borbotones de ideas ensambladas y enlazadas sin lógica circunstancial ni temporal. Como dichas al azar, miedo, persiana, desconocimiento, esqueleto, duda, Ronald McDonald, quebradizo, misil, hundido, pedestal, desvirtuado, guadaña, encendido, cruasán, denegado. Solo por ejemplificar. Solo desorden, allá donde tus cavilaciones buscan estirar sus raíces, solo hay tierra aguada y movediza. Allá donde tu ojos dejan rastro de no olvido, se guardan en carteras de cuero de vaca, miles de céntimos de distintos países. Aquello que saboreas es solo polvo de mago muerto, falsa ilusión de mamíferos muertos. Y esos olores viciados, no merece describirse desentonada luz de engaño.
Es una palabra, lo que falta paladear
Son dos palabras, las que se clavan en el retroceso del cerebro, arrastrando sus pezuñas por el neocortex. Di que miento, rómpeme los dedos para que no escriba más.
23 mayo 2007
Huele como a chuscado
Llevo unos días terribles, bueno todos lo son en cierto sentido, pero hay unas coincidencias extrañas que están haciendo que pierda el norte, un poco mas (no he dicho perderme del norte).
La primera es este horrible bochorno, esta sensación de verano que tanto me ahoga. Ya empiezo a no soportarlo, y mucho menos los cambios anden-metro-anden-calle-anden-tren-anden-calle y el camino al revés. Ya no resulta difícil encontrarte estornudando un el día que mas calor hace. Por si fuera poco RENFE nos sigue divirtiendo con sus fluctuantes horarios y trenes desaparecidos en algún agujero negro (así como los autobuses de Sabadell que los días de fiesta no hay quien de con uno).
La segunda, un poco relacionada con la primera, es que los dos últimos lunes y martes (así para empezar bien las semanas) ha llovido, y como no, el momento de máximo auge ha sido de camino al trabajo. Siempre a las dos horas de llegar se despeja, y volvemos de nuevo a este calor.
La tercera trata sobre el trabajo. Y es que ya estoy hasta los mismísimos cojones, así hablando en plata. Estoy hasta los cojones de hacer cosas que no debería, de lo urgente que son para todos sus problemas y en cambio los tuyos sin sentido ni prioridad, hasta los cojones de todas las ventajas que debería obtener que paso a paso van deslizándose por el agujero del saco, hasta los cojones de la organización empresarial moderna y sobre todo de las subcontratas, hasta los cojones de procesos de validación que no sirven para nada mas que hacer el mismo trabajo una y otra vez por diferentes personas, hasta los cojones de esas miradas de superior, hasta los cojones de esas conversaciones vacías que solo hablan de valores acciones fluctuaciones contrataciones regularizaciones y todas esas mierdas que acaban en ones. Vamos que es fácil que en breve periodo de tiempo este buscando otra cosa, aunque dudo que encuentre algo muy diferente a esto menos aun buscando este tipo de trabajo, que por otro lado es al único que puedo acceder con facilidad, aunque para mí ya no supone ningún crecimiento.
La cuarte es que no soy capaz por mi mismo, es decir, no hago mas que aumentar mis deudas cada vez mas y mas. Autosuficiencia…. y un cojon de pato tuerto.
Cualquiera que lea esto (dudo) pensara, este hombre solo se dedica trabajar. Pues si, eso y poca cosa más, leer, fumar, ver alguna película o serie, dormirme en la bañera, y comer de vez en cuando. Algo ha pasado aquí, en todas estas cosas que antes caminaban por mi cabeza.
Y aun así, hay quien consigue relajarme y darme un mínimo sitio donde ir dando estos pasos trastabillados. Que me hace no pensar en toda esa mierda circundante, tal vez porque no esta aquí, sino me odiaría seguramente.
Recortes de ayer (Porque sino me olvido):
Déjame morir, dormir, en tus brazos. Dime que no debo llorar, dudar, más de esta prisión de sentimientos. Que no debo amurallar, mentir, las fibras invisibles que se enredan a tu sombra. Busca un arroyo donde mirar, mimar, el tacto pálido de tus labios. No me hables, llames, simplemente respira cerca de este halo. Cuando te canses, duerme, acurrúcate en este hueco que dejas cuando te vas. Enséñame a descubrir todos los significados de tus palabras.
Aplástame con un latido, sordo y brusco.
Me he convertido en un ser que ni yo mismo soporto.
14 mayo 2007
Sed, humo.
Duerme sencillez, estas pendiente del vacío.
Efluvio que reluces, ganas de líquido carmín de vida
y duerme de nuevo. Hazte caracol en una esquina
hasta que los hilos tiren de tu anzuelo de cebo vivo.
Y otra vez estarás aquí, cabezas ruedan, brazos,
piernas, queda dando nuevo polvo al polvo.
Duerme sencillez, estas ardiendo de vino.
Dalia que adulzas, da vida a estas marionetas
desátalas. Sed humo, sed uno.
Sediento, mastico esto, murmuro.
Despierto
Soledad a mi murmullo, extiende tus alas
Acompaña la luz mientras el infinito traga hasta ..
su
último rayo.
13 mayo 2007
despierta, respira
Paseaba de lado a lado de la casa. Llevaba trastos y desperdicios de un lado a otro, los amontonaba y luego iban a su lugar designado. Era todo tan triste, tan absurdo. Si no había esperaza, sino había metas, como es que seguía vivo. Que hacia latir y dar pulso a sus venas, que era eso que llenaba y vaciaba sus pulmones de ese aire viciado, mil veces respirado. El silencio era como pasos en la nieve, se paro en la oscuridad de la sala. Había ruidos procedentes de tres direcciones al menos. Ocultos por sus paredes sus cortinas y sus puertas blindadas, todos actuaban de maneras distintas a cuando vivían en el exterior. Era todo tan vano, tan irreal. Un zumbido partió el mudo ambiente, otra de esas maquinas movidas por el odio el resentimiento y el imperialismo destructor. Mientras tanto todos tiran con gusto, con las ropas rotas, sudando a chorros y perdiendo sus vidas, pero tiran a gusto.
¿Por qué hemos decidido aceptarlo?
Fuck your short memory
Ropas de olvidos
Ten ten, pero espera que repican las campanas, ven ven, odio que acuchillas el aire, den den, un soplo para levantar nuestras vidas que tanto hemos olvidado y qué era lo que habíamos venido a buscar. Espera, no son campanas… es… da igual, sigamos adelante. Entre el fuego y el hielo, entre el calor y el frío, entre el odio y el… ¿Cómo era que no recuerdo?
Cuando no tienes miedo no dudas ante el peligro, simplemente sigues tu paso con firmeza, pero si tienes miedo, entonces, el peligro se apodera de ti y tendrás gran facilidad para caer al vacío. El problema es quien nos enseñara a no tener miedo, quien nos enseña a caminar sin preocupación por ese sendero flanqueado por el miedo la perdición y la muerte. ¿Acaso es verdad que nos valemos por nosotros mismos? El sabor acido de la mentira aprisiona los costados de la lengua.
Ahora vuela, posa luego tu legado aquí, ahora salta, recorre senderos entre los bosques y los pantanos, ahora nada desde la helada sangre donde nacen los ríos, a la suavidad tranquila y salvaje del mar. Visita cada extremo y cuéntame qué has visto. Cuéntame si lo has visto y dime si es que alguien ha nublado mi pensamiento para que no vea eso.
¿Qué es lo que hemos venido a hacer aquí? O mejor dicho ¿Qué, de todo el infinito enjambre de posibles existencias, hemos decidido llevar a cabo? Las palabras sordas de lo inútil repican en mis oídos, ya no quiero escucharlas más.
El sudor de los días cae por la frente, camino, y el camino es blando, barro, embarrados paseos. ¿Esperando una leve presión? El aire esta seco, me tapo, ropas de olvidos.
06 mayo 2007
Los Yardangs
Tal vez merecería la pena explicar el encuentro con el tal fantasma, que solo era un vagabundo que rociaba su hígado con vino de cartón mientras se agazapaba entre sus cajas, que mantenían el poco calor que podía haber en aquel callejón donde las paredes rezumaban humedad, como si lloraran. No estaba a la vista, pero por alguna razón se dio cuenta de los pasos de nuestro protagonista, desde el fondo de los cartones una voz gutural, cascada como el sonido del chocar de dos tapas de cazuelas abolladas, decía:
- Cuidado a donde diriges tus pasos, si abandonas el camino conocido encontraras miles de excitantes situaciones antes no vividas, pero también nuevos retos que asumir.
- Debería buscar un sitio mejor donde dormir – dirigió las palabras al montón de cajas por donde asomaba una manta raída de color gris.
- Usted debería mirar donde pone sus pies, antes de preocuparse por los que dormimos placidamente sin conocer calor o frío. Calor… ¿alguna vez fue a la cueva del oro?
A todas luces quede claro que estamos rehabilitando el dialogo (como los personajes de las novelas pastorales) de lo que fue en realidad, todo lo que el vino podía dejarle decir al insomne y percibir al hombre de negocios adulterado de whisky y agua de hielos.
- No diga mas, en la cueva del oro hay oro.
- Su tono haría que cualquier otra persona le hubiera maldecido, pero estoy demasiado abrazado al fracaso para que eso me afecte. De hecho – se incorporo levemente sobre su cama prefabricada – En la cueva no hay oro, hay algo mucho mejor, escuche con atención porque no le diré lo que es, pero le diré donde encontrarlo.
Aquí estaba, no sabia si era el alcohol lo que le había hecho tomarse en serio aquella madrugada aquel discurso de ebriedad, pero allí estaba. La verdad es que unas horas después y con el calor de la mañana todo parecía mucho mas absurdo, el rostro barbudo del hombre se aparecía en su imaginación riendo a carcajadas por su comportamiento ingenuo. Pero algo en todo aquel secretismo espinoso le hacia seguir adelante con aquel paseo hacia el interior del desierto. Se había bebido ya al menos dos litro de agua y la resaca solo empeoraba las cosas.
Se levanto del sillón, no sin un gruñido que demostraba lo que en aquel momento suponía un esfuerzo y ando arrastrando los pies como si sus suelas se derritieran y le costara caminar, se arrastro hacia la cafetería. Pidió un whisky con hielo, dicen que la mejor forma de pasar la resaca es tomarse otra. La apuro en pocos tragos como un animal sediento, pago y salio a la calle. Entro en el coche de alquiler, que parecía una sauna, abrió todas las ventanas y se apresuro a poner el marcha el vehiculo. Una gran polvareda se levanto, cuando cogió la carretera el aire empezó a enfriar el sudor propiciando espontáneos escalofríos.
Mientras conducía por la carretera rectamente interminable, solo finita para los ojos, se acordó de ella. Ella era alguien con quien no había intercambiado palabra jamás, pero vivía cerca de él, y siempre se cruzaban, en muchas ocasiones, sus ojos se clavaban en cada célula siguiendo el movimiento de ese ente sorprendente, imaginando. Este era un recuerdo harto recurrente, pensó. Luego recordó el perro del vecino, ese pastor que siempre le miraba con cara de “sácame de aquí”. Se pasaba las horas en ese piso angosto, era normal que aquel animal que seguramente soñaba con prados, montañas, playas y animales diversos. Nunca pudo imaginar que acabaría encerrado como un florero.
Un letrero activo esa chispa explosiva que saca los recuerdos de las profundidades del cerebro, debía torcer en la siguiente desviación, recordó.
Las llaves golpeaban contra el contacto del coche acompasadamente, mientras, el reflejo del paisaje plano reflejado en los cristales, paisaje plano, desierto, amarillo y esporádicamente rocoso y arbustivo, daba una idea de su estado mental. El coche avanzaba por una zona explanada a distinta altura que el resto, era la única señalización de que aquello pudiera ser un camino.
A las horas, el calor estaba transformando el amasijo de hierros en un grandioso horno de pan, él sudaba en abundancia y para contrarrestar daba fuertes tragos a una botella de plástico, que empezaba a semejarse a una infusión, mas que agua.
Entre las deformaciones que generaba el aire caliente empezó a divisar unas rocas más grandes de lo que estaba siendo habitual, tal vez por allí estuvieran las cuevas. Poco recordaba ya de las palabras, y parecía moverse más por un impulso irracional, como quien se mueve por un gran deseo y ni la fatiga, cansancio o incluso a veces el dolor le hacen desfallecer de su objetivo. Nada era racional, ahora todo era simple atracción o rechazo, no había sitio para el razonamiento, no había sitio para la verdad o la mentira, solo realidad y la información de sus sentidos.
Aquellas eran las rocas que el borracho llamo los Yardangs, no había duda, concordaba totalmente con la idea que se fabrico el mismo en la cabeza. Entre la arena descubiertas por los vientos del desierto, como destapadas de su eterno sueño, emergían dos enormes montañas formadas de piedras que aparentaban haber sido cortadas a cuchillo en cubos y ortoedros irregulares. En medio una más pequeña, con aspecto de cúpula.
Detuvo el coche, un hormigueo pasaba por sus pies y ascendía por detrás de las piernas los muslos y trepaba por su columna vertebral hasta su cerebro, luego, como en un estallido, su cuerpo adquirió la tensión de un animal en peligro, sus pupilas se dilataron levemente y el sudor frío rasgaba su espalda a tiras. Intento dominar un leve temblor en los brazos y salio del coche. La brisa hacia chocar arena en suspensión contra sus piernas, el sudor se le secaba, pero no arremetía la incapacitación para pensar con claridad, y como arrastrado por los incontrolables sucesos de un sueño dirigió sus pasos hacia la entrada de la cúpula central.
Una fisura angosta daba paso a una bajada pedregosa, húmeda y resbaladiza. Al entrar un gran choque por el cambio de temperatura hizo que todos los pelos del cuerpo se electrizaran y volvieran a su posición rápidamente. ¿O tal vez tenía miedo? La caverna se estrechaba y retorcía, giraba a izquierda y derecha sin un sentido demasiado lógico, como excava las cosas la naturaleza, lo cierto es que estaba perdiendo totalmente cualquier atisbo de orientación.
No sabría decir cuanto tiempo llevaba dentro, pero algo que en un principio había pasado desapercibido se estaba haciendo más notable, como el latido de un corazón el aire vibraba acompasadamente, cada vez mas intenso, cada vez más perceptible al tacto con el aire. Seguía avanzando, si era verdad que allí se encontraba el mejor sitio donde dormir por que dormir en un callejón. Sus dudas empezaron a despertar su razón, empezó a dudar también de ese impulso de necesidad curiosa que le había llevado a esta situación ahora absurda.
Su latido se acelero, la intranquilidad lleno todos sus receptores sensoriales, como respuesta la cueva vario su zumbido del aire, ahora se hizo notable totalmente, se asemejaba a un rugido y con el las paredes se movieron, el pasadizo de vuelta se había cerrado. Se encontraba en un pasillo de bloques en paredes techo y suelo con bordes lineales pero de formas irregulares. Agujeros en el techo daban al pasillo una luz azul blancuzca, un aura fantasmal carente de toda vida se apreciaba en suspensión. Aquel lugar olía a ratonera.