19 julio 2008

El pulso

Agitando las manos. Desgarrando las imágenes en blanco y negro, pasados, que se acercan. Viendo sus fibras de ideas deshacerse entre los dedos. No siempre las cosas son así. No siempre es fácil que cada palabra unida a la siguiente describa un estado-momento concreto, una emoción o un significado individual. Como es difícil notar el pulso de la sangre variando de velocidad al intentar escribirlas.

Es un círculo complejo, pero hay otra vuelta a la que no hemos sido invitados. Otro pliegue dentro del espacio y el tiempo, accesiblemente, otra interpretación. Pero sobre eso escriben prácticos, retóricos de la realidad, ese no es mi campo.

Mi campo es un cielo de nubes. A veces todo es negro y los relámpagos rompen cada razón en mil pedazos. A veces el cielo es blanco de nubes, y a cada segundo una flor es una pistola una flecha es una espiga y un corazón un pozo. Y así todo muta de una manera imperfecta y bella.

El pulso casi se ha calmado. ¿Cuánto dormimos hoy?

07 julio 2008

Frio blanco

Hacia frío, pequeñas corrientes de aire se filtraban entre las varias capas que le cubrían. Sentado en la piedra plana que formaba el suelo de la cueva, miraba al exterior. El viento arrastraba la nieve como una mancha gigante de niebla, eso es lo que parecía a lo lejos. De cerca era un torrente de copos y hielo.
Miraba la franja de diferenciaba los dos únicos colores que se diferenciaban. El blanco del suelo y el blanco sucio del cielo. Se reflejaban en sus ojos como un cristal, el espejo del mundo quedaba allí, aunque nadie podía verlo. Miró sentado durante horas, esperando, esperando que algo apareciera, a que pasara algo, a que apareciera alguien. El cansancio le iba venciendo y sus ojos cayendo. Se reclino sobre el costado y aprovechó un bulto como almohada.
Pensaba en el desierto, pensaba en el calor, pensaba en la arena y en las playas, pensaba en la selva, pero al separar los parpados volvía el blanco, y el blanco sucio, y sus sueños volaban con la nieve.
Se despertó repentinamente, lo único que recordaba era un puñal contra su garganta, se puso las manos para cerciorarse de que todo había sido un sueño. Intentaba encajar lo que había ocurrido, pero estaba todo dispuesto en su mente como un caos de flashes, imágenes, tactos, sensaciones y olores. Recordaba el calor, y el fresco mezclado con el olor típico de las casas de adobe. ¿Cómo había llegado esa idea a su cabeza? Nunca había pisado ninguna de esas. El tacto de aquellas ropas ligeras que nunca había llevado, el olor del incienso del que solo le habían hablado.
¿Había estado allí realmente? ¿Podría volver alguna vez? El miedo y el terror que lo habían despertado no le alejaban de la idea, el blanco eterno era mucho mas fuerte y atenazante que el miedo del acero.

Estanco

Ha hecho el mismo ademán una y otra vez como un péndulo. Te sientas, te levantas. El tacto de la silla como a canasto de paja fina. Un leve balanceo de los brazos recubiertos de goma de la silla, y una inestabilidad constante, como movido por la marea continuamente. Durante el va y ven, choques en los muebles de madera y metal. Pero no cualquier madera, madera muerta años atrás, picada y reconvertida en placas. Por lo demás todo esta muerto desde hace miles de años. El plástico, bolsas de grandes cantidades de materia orgánica descompuesta hace miles de años, el metal supuesta sangre central de la madre tierra, la madre gea, expulsado a la superficie como deshechos.
Es como si la gran cantidad de material envasado en miles de eras fuera el responsable de nuestro estanco en el pasado. Con su consecuente opuesto, actuar en post del futuro, perdidos idealistas por siempre. Quienes quedan en el medio son pocos pero concientes en realidad. Esperemos llegar a esa estación algún día, si los trenes no nos dejan tirados por el camino.

04 julio 2008

Cambio

No hay recuerdo desde hace mucho tiempo de este estado. Nublado e inquieto con todos los sentidos esperando un golpe inevitable que puede aparecer a la vuelta de cualquier esquina. Caminando con pasos fangosos, con un hormigueo en los pulmones y pequeños acelerones de pulso. ¿Esa impaciencia hacia lo incierto o esa esperanza de un cambio?
Conscientemente muchas veces comprendo que el cambio será bueno, al menos la intención con la que se emprende, pero muchas otras la percepción y la sensación no parecen del todo agradables. Dicen que somos animales de costumbre pero a menudo vemos ejemplos de personas que buscan cambiar su vida. Creo que en el fondo no somos capaces de estar a gusto con la situación en la que estamos, sea cual sea, y por otro lado nuestro cuerpo se enfrenta a un estado de estrés en cada cambio que realicemos, a mayor cambio mayor repercusión en mas hábitos mayor estrés.
Existe el ejemplo contrario, cuando alguien esta acostumbrado a realizar una serie de tareas y se le cambia el procedimiento o las propias tareas. La primera reacción siempre suele ser de rechazo, independientemente de si sus condiciones se mejoran o su esfuerzo se reduce o no.
Es así como volvemos al punto de siempre, "solo se que no se nada" es una frase que empieza por sus letras y su retórica lógica y acaba tragándose el mundo, y al final se chupa los dedos.