Empezaremos seriamente, ya que la vida es lo suficientemente cómica (en el sentido ofensivo, es decir, cómica a nuestra costa) Sehal era un tipo normal, tenia diecisiete, era de clase media baja (algunos dirían media o media alta, pero se tiende a pensar que lo que se ve es todo lo que existe) tenia pocos amigos, de los de verdad, y menos amigas, estudiaba poco e intentaba divertirse lo mas posible, al estilo de la compañía por cantidad a falta de suplir calidad.
Él era normal, pero solo era, porque había decidido emprender su viaje, emanciparse. Para algunos Sehal estaba retrasado en su línea de la vida y si retrocediéramos unos años o cambiáramos de localización tendría hasta familia un par de hijos con el y una esposa. Pero no, Sehal vivía un castillo llamado primer mundo. Esa fortaleza en la que no se puede entrar, salvo por las mazmorras y arrastrándose como una serpiente y creciendo a base de restos de los mas grandes.
Sus iguales tenían una vida clasificada y enmarcada en hechos predecibles, al menos hasta los veinticinco, sino más. Entonces serian personas de bien, o sea, de las que no hacen ni el huevo y viven del trabajo de los demás, y en una base mas analizada de los del exterior. Sehal había dejado de ser normal ahora precisamente por dejar de lado todas las aguas del castillo. ¿Porque hizo esto? La senda del razonamiento es difícil de seguir desde un tercero, pero haremos lo posible por hacer un pequeño eixample.
Del buen hombre que olvido quien era y se tropezó con el mismo
Se cuenta de un hombre que sin quehaceres mejores que plantar para comer y dormir para plantar y comer, un día, abandono su rutina. Decía que las lechugas se reían de el, que los pájaros le aconsejaban ser un hombre de mejor provecho, que las gaviotas de su arado le contaban cuentos sobre viajes, especias y mujeres con trajes de velo. El hombre aguanto todo lo posible, pero la realidad del día acabo por escabullirse entre sus sueños y el hortelano ya ni podía descansar en paz. El labriego decidió entonces lo que muchos deciden en estado de agobio y desesperanza, huir, escapar a algún sitio lejano, al menos lejos de las vallas de su siembra lejos de las fronteras de su pueblo.
Sehal decidió convertirse en un trabajador por cuenta ajena en una gran ciudad.
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Cosas incompletas para dejar por siempre jamás