25 noviembre 2007

Tiempo perdido

Empezaremos seriamente, ya que la vida es lo suficientemente cómica (en el sentido ofensivo, es decir, cómica a nuestra costa) Sehal era un tipo normal, tenia diecisiete, era de clase media baja (algunos dirían media o media alta, pero se tiende a pensar que lo que se ve es todo lo que existe) tenia pocos amigos, de los de verdad, y menos amigas, estudiaba poco e intentaba divertirse lo mas posible, al estilo de la compañía por cantidad a falta de suplir calidad.

Él era normal, pero solo era, porque había decidido emprender su viaje, emanciparse. Para algunos Sehal estaba retrasado en su línea de la vida y si retrocediéramos unos años o cambiáramos de localización tendría hasta familia un par de hijos con el y una esposa. Pero no, Sehal vivía un castillo llamado primer mundo. Esa fortaleza en la que no se puede entrar, salvo por las mazmorras y arrastrándose como una serpiente y creciendo a base de restos de los mas grandes.

Sus iguales tenían una vida clasificada y enmarcada en hechos predecibles, al menos hasta los veinticinco, sino más. Entonces serian personas de bien, o sea, de las que no hacen ni el huevo y viven del trabajo de los demás, y en una base mas analizada de los del exterior. Sehal había dejado de ser normal ahora precisamente por dejar de lado todas las aguas del castillo. ¿Porque hizo esto? La senda del razonamiento es difícil de seguir desde un tercero, pero haremos lo posible por hacer un pequeño eixample.

Del buen hombre que olvido quien era y se tropezó con el mismo

Se cuenta de un hombre que sin quehaceres mejores que plantar para comer y dormir para plantar y comer, un día, abandono su rutina. Decía que las lechugas se reían de el, que los pájaros le aconsejaban ser un hombre de mejor provecho, que las gaviotas de su arado le contaban cuentos sobre viajes, especias y mujeres con trajes de velo. El hombre aguanto todo lo posible, pero la realidad del día acabo por escabullirse entre sus sueños y el hortelano ya ni podía descansar en paz. El labriego decidió entonces lo que muchos deciden en estado de agobio y desesperanza, huir, escapar a algún sitio lejano, al menos lejos de las vallas de su siembra lejos de las fronteras de su pueblo.

Sehal decidió convertirse en un trabajador por cuenta ajena en una gran ciudad.


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Cosas incompletas para dejar por siempre jamás

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14 noviembre 2007

Sendero de filos

Sendero escalonado, cada halito pesa como la cabeza de un cerdo, los músculos se exprimen extasiados en cada nueva explosión, y la esperanza siempre firme de llegar a la cima con algo que ofrecer, dádiva descabellada; pero la razón no detiene el ascenso la fe ciega supera día a día esta fuerza. Falsos proverbios, dentadas frases de palabras asesinas, que destrozan y penetran en cada retículo e invaden cada milímetro de la carne, carne mortal, humana, carroñera. Todas vomitadas en una serie esperpéntica de ejemplos irracionales que peligrosamente indican hacia la sumisión y la satisfacción.

Algunos corren espantados hacia arriba, no miran el camino y tropiezan con sus propios pies. Llegan a atropellarse solo para poder descubrir el contenido de todas esas palabras vacías. Por mi parte no tengo prisa, miro cada escalón como si fuera la ultima vez que lo viera, y seguramente así sea. Me siento y observo el paisaje, y la gente no para más de dos segundos. Me siento y pienso cuanto de eso que dicen tiempo ha pasado, no llego a comprenderlo, pierdo el hilo entre bajadas y subidas, entre ostias de frente y de costado, entre luces y sombras, entre sueños y realidad. Y me olvido de que hago en este camino y levanto de nuevo.

A nadie importas, todos corren de aquí para allá y si te piden un brazo será para quedarse con el ¿Y alguien espera no sea esto un pensamiento global? ¿Tal vez es un comportamiento que todos realizamos con la excusa de que todos lo hacen?

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05 noviembre 2007

Gracias por todo

Señas perdidas como el papel arrugado en el fondo del bolsillo, con la forma de las costuras, casi imperceptible. Con palabras que has olvidado para siempre, y esas caras y esos gestos, se van perdiendo, disolviendo como azúcar en café hirviendo. El respaldo se endereza y encara de nuevo hacia la realidad. Ahora es placida, y sosegada expresión. Una respiración pausada y profunda, ese olor, ese calor.

La estancia se colorea con la luz desviada del cielo hacia las esquinas, las vetas del suelo, las arrugas de la cama, tu nuca.

Voy sorbiendo de la pajita, pero el zumo se acaba, puedo esperar a que los hielos se deshagan y ¿Qué haré luego? Esperar y esperar. Tic tac y tic tac. Rombos en la cabeza y una bolsa de plástico que la imaginación no deja de pisar y enredarse en los pies. Se retuercen los tirabuzones rodeando la misma idea una y otra vez, corriendo por la impaciencia de no tropezar.

Y aun así algo has hecho. Has abierto una ventana en mi techo, por la noche luz de luna y estrellas, por el día calor de sol. Y no me entristece este sol de invierno, aunque detrás de tus pasos más calor puede haber, me refugio donde el viento menos me entumezca. Intento no buscar tu ayuda, y como está si la necesito… gracias por todo.

Patipasiempre

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