Las luces de las farolas naranja rosadas cruzaban el habitáculo a espacios iguales de tiempo, a ritmo con las rayas intermitentes de la carretera, a sinfonía visual musical. Llegaba adagio, y las luces desaparecían, solo la base de las líneas seguía latiendo ante sus ojos, y volvía de nuevo la luz, cegando al principio, incluso haciendo estremecer sus nervios, como quien sale de un agujero en el que apenas puede respirar.
Allí, cercado entre el pausado bajo de la línea derecha y los punteos de la izquierda, estaba el lugar seguro, el lugar que todos seguirían si querían llegar a sus destinos, a sus esperanzas, quien sabe, a sus miedos o dolores, encuentros perdidos en el tiempo y prometidos de pasada, y otros recalcados una y otra vez como quien se propone una nueva meta en su vida.
Veía el coche desviarse del camino marcado y flotar unos segundos en el aire. Luego se encontraba preso de la inercia, recordando esos videos de accidentes simulados con muñecos de pruebas, que vistos desde una cámara interior fija, que dejaba como única referencia fija e inamovible el interior del vehiculo, mientras dentro sus pasajeros bailaban al son de las vueltas de campana, mientras cristales, trozos de metal y plástico rebotaban en todas direcciones pariendo un sincronizado caos cinético.
Abrió los ojos de nuevo, seguía en el camino. Alguien le dijo, imaginar como le ocurrían cosas malas, como esta ensoñación de accidente, aumentaban las posibilidades de que estas pasaran al plano real. Pero él pensaba que si no imaginaba las peores cosas que podían ocurrirle su vida era tan sosa tan aburridamente normal y a salvo… pensar solo en cosas buenas dejaría sus experiencias a la altura del betún comidas por los gusanos de la comparación odiosa.
En un gran tramo, las luces de la autopista desaparecieron, ante sus ojos el cristal del coche parecía no existir, y las señales viales solo eran visibles gracias a sus luces. Una enorme y vasta cúpula negra salpicada de puntos blancos, amarillos y azulados reflejaba en sus cristales, por los que apreciaba el mundo visual, la idea de lo lejano que todo estaba de todo, la idea de el vacío, la idea de la insignificante vida suya respecto a la de todo ese gran imperio de fuerzas cósmicas.
Apago las luces y quedo sumido en el vacío de la oscuridad y cerró los ojos. Y voló lejos, donde nadie encuentra los pasos que dejas al caminar.
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