¿Tú lo decidiste? ¿Pediste alguna explicación a los monos del espacio? No, simplemente te quedaste allí, mientras pasaba uno y otro tren, cargados todos de cosas, inservible, ya fueran muñecas sin piernas o brazos, muelles estirados, tornillos pasados de rosca, pilas agotadas. Y dentro las muñecas gritan por su vida, aunque se saben bien acabadas. Duerme duerme, no pienses mas en ello, olvida ya esa penuria; víboras, afilados dientes de tridente, intentan arrastrarte cuesta abajo, notas las piedras rodando bajo tu peso, el olor del polvo removido entrándote por los poros, la imposibilidad de no poder hacer nada salvo sufrir el arrastre.
Pero no, alguien ha decidido agarrase con uñas y dientes a esa llamada del desesperado y desvencijado, este, “nuestro mundo”. Dejan la sangre de sus dedos en el camino, continuando un reguero rematado por sus uñas, gritan y se revuelven poseídos por el alma del rebelde, ese fuego que sale de dentro de la carne y te hace arder por dentro haciendo que el cuerpo se agite espasmódico en movimientos inútiles.
Esos que se aferran a esos mundos invisibles, poco encuentran en este que no les recuerde a lo que a fuerza les enseñaron a no mirar y olvidar. Pero hay muchas cosas que ni nosotros mismo podemos controlar, es mas, son estas las cosas a las que mas aferrados estamos, tanto por el lado bueno o placentero, como por el malo o doloroso. Aferrados al binomio de los extremos predicamos una moral ejemplar, que hemos decidido implantar a todo el mundo. Si los demás no siguen nuestros patrones entonces nos mordemos los codos y nos damos la vuelta a la piel intentando cambiarlos.