Con sus deseos atados a un poste telefónico, amarilleando cual hojas de periódico en grandes bibliotecas, sin atención, sin una luz que diera vida a tanta apetencia de voluntad. Sus ojos vidriosos apuntando al horizonte, devolviendo un espejo perfecto para cualquiera que parara a observar. Sus brazos balanceando levemente el aire que ronda, el es el único que se atreve a establecer contacto físico.
Efemérides galopando en su cabeza, días en los que la preocupación y la penosa autocompasión carecían de total importancia, entonces todo flotaba, volaban juntos por el azul infinito, no había donde hundirse. Pero ahora era todo tan diferente.
Pero ahora había otro tipo de azul, diferente, hacia el que sin darse cuenta huían todas sus nuevas flores de deseo. ¿Había otro campo donde plantar y recoger frutos de sueños? Pero los hechos daban otra vuelta a sus esperanzas, las palabras “si estuvieras más cerca” estocaban en su escaso placer una valla donde chocaban todas sus pelotas lanzadas, dejando un ligero sabor melancólico, como a leche agria, como a esperanza abandonada y olvidada.
Alguien dijo, “olvida todo eso, deja que las cosas ocupen su lugar cuando deban”. Pero hay impaciencia, donde se deshace el recuerdo azucarado de unas palabras dichas con correcta exactitud para solapar vacío de almas. Me gustaría que no olvidaras este cabalgar de desvariadas conclusiones, como si con ello pudieras mantenerme un tus recuerdos para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario