27 abril 2008

Aire envenenado

Sentado inhalaba el aire toxico de los coches, el diez mil veces respirado (con ansia, con pausa, con sueño, con placer), el recalentado y enfriado, el comprimido y desprendido pero el que realimentaba su equilibrio caótico, o vida, daba pulso a sus motores. El oxigeno te da la vida y el oxigeno te oxida hasta que mueres, visto desde un punto de vista sacro sería como dios.

Permanecía sentado con las rodillas plegadas delante de la cara, allí, observando un punto invisible en la oscuridad. Los sonidos llegaban en todas direcciones, dentro de aquellas paredes, Parecía estar todo filtrado a través de una caja de zapatos, faltaba el interior de ese papel como de gasa. Presenciaba las escenas de todos sus vecinos en su cabeza, solo a partir de los sonidos que llegaban a su caja, eran sus hormigas mascota.

Cuando estas ideas pasaban por su cabeza, esas hacer descender la vida de un semejante a otros niveles, pensaba en la palabra alienación. Como esos mastodontes hormigonados, toda esa cultura, todos esos electrones redirigidos a voluntad parcial, todas esas piezas en serie, todas esas manivelas palancas y botones para controlarlo todo. Pensamos que los robots en un futuro tomaran conciencia de estar vivos ¿No será que los humanos tomaran conciencia de maquinas?

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