15 noviembre 2006

Conciencia social

Ser un individuo moral es lo que algunos estudiosos teóricos aprobarían como la razón por la que no somos animales. Pero, ¿Acaso los comportamientos morales no son a veces más animales (en el sentido negativo) que los propios de a los que la mayoría de la gente considera como sus inferiores?
¿Cómo podemos hablar de concienciamiento con nosotros mismo cuando producimos toneladas y toneladas de basura? (Para los adeptos al reciclaje decir que menos del 30% de la basura se recicla, y esto poniendo los países más afanados en este asunto, cuando algunos no superan ni el 10%)
¿Cómo podemos hablar de seres evolucionados cuando nuestras sociedades se basan en el aspecto más liberal en la dosificación por superposición de información, o en otros peores casos en la voluntad de una sola persona?
¿Cómo podemos creernos de lo mejor del universo si nuestra capacidad adaptativa a los cambios que ofrece el espacio es tan limitada?
¿Cómo podemos vaciar el planeta de cualquier sustento para nuestro propio beneficio y en esas escalas ascendentemente exponenciales?
¿Cómo teniendo tantos modos de afrontar las cosas siempre queremos que uno prevalezca y sea el mejor? ¿De donde sale ese afán por ser mejor que los demás a cualquier precio, incluso si fuera necesario mediante la aniquilación del que se oponga a nuestras doctrinas?
Predicamos la libertad, la cohesión de las distintas culturas, el enfoque de la búsqueda de la “verdad”, y continuamente nos mentimos entre nosotros, nos despreciamos por nuestros ritos sociales y pisoteamos una y otra vez la libertad en nombre del beneficio propio, del apropiamiento (de donde sale esa idea de la propiedad), de disputas que no llevan más que dolor y sufrimiento, que es por otro lado uno de los factores básicos de la mayoría de las sociedades.
¿Quién es el animal realmente?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué buen texto!! Desde luego es una pena que muchos artículos (o posts) como el tuyo apenas reciban comentarios.

Efectivamente, en nuestras sociedades se ha impuesto un concepto muy vago de libertad. Aparentemente tenemos la ilusión de poder decidir muchas cosas, pero en verdad estamos muy determinados por condicionantes sociales, culturales, lingüísticos, de género, etc.

Vivimos en una cultura del consumo, del deseo, del capricho, del vaivén, de la inestabilidad... Pronunciamos sin cesar la palabra YO, pero... ¿estamos seguros de lo que somos? A menudo nuestro yo, aparentemente sólido, es sólo un estercolero continuamente impactado por fotografías, caprichos, falsas necesidades, recortes de periódicos, personas que vienen y se van, delirios con los que nos acostamos y que al amanecer se han esfumado.

Libertad, Yo, individuo... ¿estamos seguros de lo que hablamos?

KrKvF dijo...

Siempre se agradecen comentarios de estos!!!, gracias, así puedo tener un poco más de fuerzas para escribir