Con una serpiente enredada en su cuello y sus grandes y venenosos colmillos clavados en su yugular, pensaba en su vida, en sus sueños no cumplidos, en la desolación de su abandono y su perdida del interés en descubrir cosas nuevas. El veneno se extiende por el cuerpo como una legión de bestias hambrientas en mitad de un rebaño de tiernos corderos sedados. Todo lo que quedaba actualmente en su vida, eran pequeños trozos de recuerdos del pasado, que unidos formaban la patética vida que vivía, y que le había hecho pasar un día en el campo para alejarse de sus presiones. Ahora solo notaba la presión de su amiga bífida, y su gran mar de calma extendiéndose y bañando cada rincón de su cuerpo. Hacia mucho tiempo se decía a si mismo que estaba orgulloso de ser lo que era y que por eso no podía arrepentirse de nada de lo que había hecho. Que todos estos hechos le habían llevado a ser la persona que era, y que al estar contento con lo que era no podía ni quería echarse atrás en nada. Años después se odiaba por haber pensado eso de él mismo, y ahora mas que nunca es como si el veneno le estuviera despertando de su gran letargo. Y el veneno se escondía y repartía entre sus células, que sin darse cuenta, se alimentaban de algo que luego las mataría.
No quería vivir más ahora de lo único que estaba orgulloso era de que le hubiera mordido la serpiente, así al menos momentos antes de su muerto comprendía lo patético que había sido con el mismo, no digamos ya con el resto de las personas. Se dejo caer al suelo, y un gran hormigueo apago rápidamente el dolor del impacto contra el suelo. Ahora se veía como uno de esos momentos de su adolescencia en que las drogas habían hecho de el, según el, un ser único y brillante como una gota de lluvia. Luego retumbaba en su cabeza las afirmaciones puestas en boca de Tyler, escritas por ese gran impresionista del odio, que es el autor del club de la lucha. Como Tyler se hace con el protagonista, el veneno estaba convirtiéndolo en una persona nueva.
La luz del sol que segundos antes resplandecía como en uno de esos episodios de lo Teletubies en los que la felicidad se sirve envuelta con el papel de los caramelos de menta, ahora se apagaba dejándolo en la oscuridad mas introspectiva.
Devaneos fuertes sonido, un gran estruendo, como de neuronas muriendo a puñados, y de repente una paz inexpugnable, imparable y que ya nadie podía echar atrás.
Un tiempo después se despertó, el color soso de las paredes y la escasa decoración, y ese olor… Estaba en un hospital, un medico inspeccionaba sus ojos con una linterna tipo bolígrafo.
- Ahora tienes una segunda oportunidad
Buena frase señor doctor, por favor inyécteme de nuevo el veneno. Pero estas palabras dieron la vuelta en sus dientes y las engullo como un trago de agua con sabor a hierro.
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