16 febrero 2007

Historias de lo natural

Pongamos que hay un señorito, que es dueño y señor de los bienes del trabajo, llamémosle Señorito. Pongamos a otro que vive en la oscuridad y es como una mula de carga, siempre cargándolo todo a la espalda, llamémoslo Batman.

Señorito divaga y reparte faena por doquier a todos sus súbditos, cede tareas arduas y peligrosas a Batman que de entre las sombras deja a Señorito en muy buena posición respecto al exterior. Entre ellos la base y las altas esferas observan, acometen con pruebas y evalúan. Señorito pocas cosas hace de más, ha de jugar con sus niñas, ir a la opera clasista y dominar el flujo laboral. Para eso esta Batman, personaje sin el cual la ley y el orden harían que todo cayese a los pies de quienes están ocupados y no pueden atender.

En fin, las cosas nunca cambian, siempre hay una traspapelación a la hora de determinar los cargos, pero como todos hemos asumido la regia razón de que estamos abnegados, vamos a reuniones donde solo escuchamos tonterías, y me suena tanto a historia clásica que me dan ganas de vomitar. Pero me pongo la mano en la boca del estomago y les regalo una maravillosa sonrisa de apreciación (o tal vez mi misma cara de poker de siempre).

¡Bendito mundo del trabajo a veces te odio tanto! Has malgastado tantas horas de la vida de la gente que mereces morir ahorcado.

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