Sería tan fácil perderme. Nadar entre todas esas cosas que no conozco de ti. Seria tan fácil dejarme arrastrar por todo este vendaval que brota del gran cielo estrellado. Seria tan fácil que me dieras una razón para odiarte, y que yo la convirtiera en un gato que huye con los pelos erizados. Sería tan fácil que te acercaras a mí y saliera corriendo a esconderme en una esquina, desde la que miraría agazapado si aun sigues ahí. Sería tan fácil que dejaras de mirarme y yo no pudiera para de hacerlo hasta que volvieras tu mirada sobre mi de nuevo. Sería tan fácil que solo con respirar cerca del cuello se erizaran todos los pelos del cuerpo, y un escalofrío enfriara todo para luego arder violentamente.
Pero nada es fácil, y me gustaría saber si somos nosotros los que lo hacemos difícil, o ese que tal vez la naturaleza del caos hace que queramos las cosas imposibles, es solo que mientras no tenga nada de eso, una especie de idea que formo de ti flota aquí y allá. Pienso en otra cosa, o no pienso en nada, pero ahí sigues flotando.
Entonces recuerdo que estoy solo para siempre. De repente, como si se acabara una película, la luz de la realidad olvida cada falsa idea que hubiera crecido en la oscuridad, se desvanecen las estrellas del cielo, y lo veo todo tan claro. Recojo mis cosas y me voy de aquí. Esa siempre es la idea que sucede a esta otra sensación, pero estoy tan cansado de huir, de que sea tan inútil.
Alegría, si supiera que hacer, seguramente no escribiría una palabra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario