Otra vez más solo me apetece dormir. Cerrar los ojos y no despertar hasta que llegue el momento adecuado, que ocurra todo lo que deba ocurrir entre medias pero que pase. Sensación de inutilidad. Despertar entre cabezadas con fragmentos de sueños, recuerdos incompletos de voluntades propias y ajenas puestas por mi inconsciente, machaca, machaca como ruedas de piedra gigantes muelen granos de cereal.
¿Pensar lo qué uno debe o pensar lo qué uno quiere y lo que esto designa el rumbo de sus actos? El deber se va implantando poco a poco, va utilizando tu champú, pero de una forma más razonable, se bebe tu ron pero más prudentemente, se pone tu ropa pero solo la más adecuada, mantiene charlas eternas contigo acerca del valor de la comunidad y de la responsabilidad. Y la voluntad se queja todo lo que puede, patalea, llora, grita imperdonables palabras que se graban de por vida, presta su apoyo en todo momento, y sobre todo en los peores momentos, nos escucha y nos aconseja. Dos bichos más que se pelean sin parar y a veces te dan la vuelta a la cabeza y sentado ves como se meriendan tus neuronas con pan de ajo y tostadas de mantequilla. Y los que antes andaban acompañando estos tentempiés ahora miran absortos en corrito los enfrentamientos de estos dos. Apenas se atreven a comer algo de vez en cuando.
Y otra vez vuelta a la cama y así las horas pasan, aunque cualquiera diría que en realidad no ha pasado nada de tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario