Se sentó sobre la roca y observó placidamente el mar. Algo dentro de el crecía y menguaba, como las olas luchando por llegar a la orilla. Había una comunicación extraña entre el y la naturaleza. Notaba como si los árboles le hablaran, pidiéndole cosas o avisándole de los peligros. Los animales le olían y nunca se mostraron agresivos hacia el, es mas le trataban como un animal mas.
Su cuerpo allí postrado, por las ataduras de lo físico, y su mente divagando de un lado a otro, navegando por el mar, sin necesidad de combustible alguno, saludando a todos los que esperaban a sus allegados y socios en los puertos.
En uno de esos viajes encontró un lugar precioso, no solo por ser hermoso sino también por ser valioso. Inmerso en una selva de muy variada fauna y flora, cerca de un centro de vida, un gran estanque natural alimentado por unas delgadas cascadas, se encontró por primera vez con otro viajante. Le dijo que en aquel lugar los sentimientos más fuertes irradiados por una persona, o su proyección, se convertían en formas vivas de complejidad directamente relacionada con la densidad y lo laberíntico de estos pensamientos. Se podía hacer crecer grandes enredaderas o algunos animales, pero si tenías algo muy grande en tu interior, podías crear seres más complejos.
No volvió a ver a este viajante, solo a veces recordaba su sonrisa, sus ojos apacibles, su rectitud, digna del más alto estado del yamato, y su gran sentimiento de protección hacia la vida. Pensó que algún día podría ser como el, o incluso mejor.
A partir de entonces disfruto un poco mas de lo que sentía.
1 comentario:
Hermosa perspectiva.....
Creo que yo tambien estuve alli en algun momento...
Quisas en otra vida, no lo se.....
Un Saludo de otro tu compadre,
In Lak'ech
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