02 octubre 2006

Oscuridad y verdad

Vuelto, con la sonrisa en un bolsillo, y la vida entregada a sus demonios. Apartando con las palmas de las manos los obstáculo acuosos, que se diluyen en el espacio tiempo, e impiden el avance de la existencia, agotando nuestras fuerzas y mermando nuestra conciencia, hasta convertirnos en una maquina oxidada a la que el tiempo no ha olvidado.

En sus pies las llagas de no parar de caminar, segundo a segundo, calle a calle, caminos interminables de tierra y hierva, días de lluvia en montañas lejanas y nubladas. Pero aun no había tenido un momento para sentarse a pensar que ocurría y porque no quería parar de andar. Tal vez algún día pensó que moriría si lo hacia. Tal vez no quería parar y ver todo lo que había recorrido, y solo quería mirar al suelo contando las piedras, cediendo a ser un hombre de más provecho.

Un día encontró el sitio perfecto donde descansar una temporada. La luz dejaba ver la belleza de las cosas, nunca hacia frío ni calor, el agua, esa que da vida a todo, fluía de entre las piedras, y un colchón de hojas y ramas verdes le invitaba a tumbarse y dejar de caminar, al menos durante un rato. Mientras descansaba allí, experimento muchas sensaciones que sabia que nunca olvidaría.

Otro día la luz se apago, todo quedo en la oscuridad, ahora todo era sórdido, nada de lo que antes significaba tanto, tenia ya valor. Era el momento de volver a andar, pero sus pies se habían adormecido, sus esfuerzos no conseguían que emprendiera el camino, abrazado a la tristeza del pasado, unas lagrimas oscuras, de la negrura de la cueva en la que se encontraba, salieron de su cabeza hasta los ojos, pervirtiendo su serenidad y arrancando su habilidad de no pensar en el pasado.

Allí paso mucho tiempo, sus huesos se encogían, sus parpado se hinchaban, porque no podía parar de llorar ni por la noche, y sus esfuerzos cada vez eran menos potentes.

Un día apareció un pájaro, voló de un lado a otro confuso por la oscuridad. Tras varias horas poso su elíptico vuelo en el hombre del despojo que yacía en la cueva. No se sabe como la idea del pájaro transformo al hombre. Le salieron alas y sus piernas adquirieron la forma de unas garras potentes como las de una rapaz. Con la fuerza renovada dibujo unos pasos rápidos en el aire, casi sin tocar el suelo, y salio espantado de la cueva, al principio la luz le cegó, pero luego entendió cual era su verdad.

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