Encontró la palabra mágica que daba la felicidad y la guardo en un tarro, este lo metió en una caja metálica y esta la encerró en su pecho para siempre de los jamases. La caja no tenia llave, solo se cerraba, y el tarro era de un negro poco traslucido, esto hacia imposible incluso que se pudiera ver desde fuera. Aunque le abrieran y le registraran el pecho por dentro nunca encontrarían la palabra.
Con el tiempo fue olvidando el significado de este vocablo. Y con su significado perdió poco a poco su estructura también. Un día se dio cuenta de que ya no era feliz. ¿Qué haría ahora? ¿Cómo la recuperaría?
Muchos años después, solo la idea de cómo recuperarla inundaba su cabeza, inventaba miles de ideas, todas inútiles. Poco a poco todas las demás cosas de su vida dejaron de tener sentido. Debido a esta indiferencia con lo demás, lo demás actuó como lo haría basándose en la ley de acción y reacción devolviéndole el aprecio con la misma moneda. Esto le hizo no solo darse cuenta de que no era feliz, sino de que nada en su vida carecía de importancia, y aunque hubiera algo sus esfuerzos por conseguirlos eran inútiles.
Se perdió en su interior, puesto que lo demás, amigos, familiares, aficiones, amores, recuerdos, promesas, dolores, mordiscos, ocupaciones, mentiras, verdades, conocimientos, diversiones…. todo había dejado de interesarle. Oculto dentro de su ser desenmarañando planes imposibles, soñando con eventos que nunca se llevarían a cabo y muchas relaciones que nunca tendría pasaron por su mente para darle a entender, que ya que no podía tenerlo en la realidad tal vez en sus sueños pudiera conseguirlo.
Años después murió, a nadie le importo, nadie se acordaba de el, solo los vecinos se acordaron, pero por el olor que desprendía su cuerpo putrefacto. Ahora su mente vaga por los eternos sueños que nunca consiguió, algo que podía haber hecho fácilmente en la realidad pero que no se dio cuenta hasta después de muerto, bueno quizá unos segundos antes.
La vida es más triste de lo que pensamos que es, pero ¿Acaso no tenemos derecho a luchar? Alguna vez perdemos esa fuerza, solo espero que no sea para siempre, solo un segundo, solo una décima; además la solución esta en nuestra mano
Se me olvido, cuando murió, siglos después, la palabra encontró la forma de salir de su escondrijo, porque era lo suficientemente importante como para transmitirse entre el resto de los vivos, muchos no querrán aceptarla, porque están dolidos, y otros no se darán cuenta de su verdadero significado, pero el caso es, que ella sigue por ahí volando, posándose, hablándote al odio y huyendo de nuevo por miedo a que la encierren.
Esta es la gran razón por la que nadie puede ser feliz siempre, solo unos segundos y saborear sus recuerdos, nada más.
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